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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Estambul (I)

OTROS DESTINOS 

Estambul ha tomado posiciones en mi listado de repetibles y ahora compite con París Londres por mis fines de semana. No os digo más. Bueno sí, que Madrid, Barcelona y Oviedo son también duros competidores pero desde otra parrilla de salida.

Aterrizaje en julio de 2009

Ya estábamos todos en el pasillo bajando nuestros equipajes de mano cuando por megafonía anunciaron que debíamos volver a sentarnos cada uno en nuestro asiento para rellenar un formulario de vigilancia sanitaria que las autoridades turcas acababan de entregar a la tripulación. Sin toses, estornudos ni malas caras pusimos en él nuestros datos de contacto, para que en el caso de que se declarase la gripe A entre el pasaje pudieran localizarnos, o avisar a algún familiar si las enfermas fuéramos nosotras.

Ya en el vestíbulo del aeropuerto nos sumamos a la cola de extranjeros que tramitaban el visado. Media hora de espera para dos segundos de intercambio: entregamos los dos pasaportes y 30 euros y nos devolvieron los pasaportes con sus respectivas pegatinas turcas.

Y casi sin solución de continuidad, a otra cola, considerablemente más nutrida y lenta, la del control de pasaportes. Nuestra inculcada obsesión por la seguridad nos obligó a avisar al guardia del control de que sobre el soporte de la cinta de separación entre filas había abandonada una chaqueta con bolsillos abultados, nos sonrió pero no hizo nada (o nada vimos que hiciera) por retirar el elemento extraño y sospechoso.

Para cuando llegamos a las cintas de equipaje —por el camino cambiamos dinero (igual que ocurriría en las oficinas de la calle, por cada euro nos dieron dos liras turcas y algunos céntimos sin pedirnos documento alguno)—, ya estaban saliendo las maletas.

Una entretenida hora después del aterrizaje, identificamos al chófer del hotel con un enorme cartel que difícilmente destacaba entre la docena de nombres anunciados por unos y otros receptores.

Colonias de elegantes edificios, paseos abarrotados de gente, paneles de anuncios y medianas cubiertas de flores entretuvieron los apenas veinte minutos que tardamos en llegar al hotel.


Kumkapi - Estambul

Primera impresión

Como ya os comenté, prácticamente todos los hoteles de Sultanahmet pueden presumir de estar bien situados porque realmente lo están, y el nuestro —como tantos otros—  especialmente: a un paso de la Mezquita Azul y Santa Sofía, a dos del Palacio de Topkapi o del Gran Bazar.

Las camas las hacen con sábana bajera y una especie de colcha. A los delicados con este tipo de cosas les recomendaría llevar sacos sábana, si bien hace tanto calor que no es necesario taparse.


Terrazas de restaurantes en Kumkapi - Estambul

Las terrazas de los restaurantes tienen tomadas las calles, y los camareros, políglotas todos ellos, abordan sin descanso a los viandantes tratando de conquistarlos para su local. Supongo que si lo hacen así es porque les dará resultado, pero es un tanto agobiante; y al cabo absurdo, tanto que te están viendo salir de un restaurante y aún así te ofrecen sentarte en el suyo…


Tradicional o estandarizado para el turismo, el desayuno turco es una realidad compuesta de tomate, pepino, aceitunas verdes, aceitunas negras, queso, embutido, yogur, miel, mantequilla, mermelada y fruta (uvas, sandía, melón, manzanas, etc.); enriquecido en ocasiones con huevo (frito o cocido) y, a petición, por café o té. 



Con todo, la maravilla de la gastronomica turca será para muchos el helado, ¿de leche de cabra? Denso y sabroso siempre es servido a toque de cencerro por chistosos y forzudos heladeros.


En gran parte eso es Estambul, gente, gente y más gente que no ahorra palabras para anunciar su mercancía.


Plaza Sultanahmet

La tarde de sábado veraniego que nosotras aterrizamos en Estambul, la plaza que separa, o une, Santa Sofía y la Mezquita Azul estaba abarrotada de gente que vendía o que compraba, que reposaba tumbada o que paseaba, que comía, bebía o contemplaba.



Miramos con nostalgia a los vendedores de algodón rosa y globos, e hicimos gasto a los de sandía y té, fotografiamos a los peladores de manzanas y a los vendedores de pañuelos, perfumes, gorros, zapatos y souvenirs que al atardecer montan su mercadillo en el pasillo de acceso a la Mezquita Azul, abierta hasta bien entrada la noche.


Plaza Sultanahmet - Santa Sofía - Estambul


En ésta, como las demás mezquitas de Estambul, a la entrada, restringida únicamente en los momentos de oración y gratuita, prestan a las mujeres un pañuelo para cubrirse la cabeza, y en algunos casos un trapo con velcro para taparse las piernas.

Sonaban las chicharras y se estiraban los gatos, ése y todos los días, en ése y todos lugares que visitamos de Turquía.


Terraza restaurante en la azotea del Hotel Cozy - Sultanahmet - Estambul

Las fotos casi se metían solas en la cámara que llevaba Eva Orúe y que yo misma cuadraba de vez en cuando.

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Kumkapi, Bazares y Eminonu
Beyoglú, Museo de Arte Moderno, Palacio Dolmabahçe y Mezquita Sakirin
El Bósforo y el Cuerno de oro
Bursa - Assos
De Assos a Çesme, pasando por Yenifoça
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