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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

¿Después? Yo, también

Os propongo asistir a la proyección de dos películas españolas que coinciden en cartel: Yo también y After.

Yo, también


He aquí una grata sorpresa, una película que aborda de forma sencilla, sincera y sin prejuicios la historia de amor y amistad entre Daniel (Pablo Pineda) —un joven universitario con síndrome de Down— y Laura (Lola Dueñas), su compañera de trabajo. Álvaro Pastor y Antonio Naharro optan por una apuesta modesta y sin aspavientos, acercándose de forma directa y casi quirúrgica al encuentro entre dos soledades condenadas a entenderse y amarse. Estamos ante una historia de amistad y amor poco convencional en la que los directores abordan sin ningún tipo de sentimentalismo la situación laboral de las llamadas personas discapacitadas y su forma de vivir el amor y la sexualidad en el seno de una sociedad aún llena de prejuicios.

Yo, también es optimista y valiente, ha sido rodado con una gran creatividad en el uso de los primeros planos y con motivos visuales y acústicos nada extraordinarios, pero dados con frescura y originalidad. Estamos ante la historia de un chico que sobresale intelectualmente frente a otros que viven en su misma situación y que entabla una peculiar relación con una joven apartada de su familia.

Ambos personajes, Daniel y Laura, son encarnados con inusitada fuerza por Pablo Pineda y Lola Dueñas, merecidamente premiados en el último festival de San Sebastián. Los dos son el soporte absoluto de la historia, narrada con soltura y de forma directa, sin escatimar las situaciones de violencia contenida, pero con una notable dosis de humor e ironía.

Tal vez el gran fallo de un filme tan estimable como Yo, también son los diálogos sentenciosos que acercan al filme al melodrama y algunos secundarios reducidos a la caricatura o, sencillamente, desdibujados. Con todo, estamos ante una película que demuestra la buena salud del cine español joven capaz de tratar sin moralina o paternalismo una historia de amor más allá de las barreras sociales. Un filme honesto y sencillo narrado con una curiosa mezcla de austeridad, calidez y atrevimiento.

After


Tres personajes que, ya cerca de los cuarenta, son incapaces de enfrentarse a la cotidianeidad y se unen para vivir interminables fiestas donde mezclan soledad, rivalidad y desamor con drogas, alcohol, música y sexo. Esos son los protagonistas de After, el segundo trabajo de Alberto Espinosa tras el relativo éxito de 7 vírgenes.

Espinosa vuelve a demostrar que es un realizador hábil aunque algo tentando por el efectismo y la autocomplacencia, y en esta ocasión se decanta por una historia imposible que funciona en momentos aislados pero a la que le falla el punto central del relato: la química entre los tres protagonistas, un trío de amiguetes que parecen vivir juntos una eterna adolescencia, narrada como un descenso a los infiernos de la degradación personal.

Lo mejor de After son las secuencias en la que el director se aproxima a la individualidad de sus criaturas en sus entornos laborales o domésticos y la cámara nos revela de manera impúdica a sus miserias cotidianas, miserias que ellos parecen querer exorcizar en esas fiestas nocturnas, por otro lado bastante carentes de encanto y salpicadas de diálogos y situaciones banales. Estamos, pues, ante una película tentada por la moralina y el tremendismo, el retrato de la inmadurez afectiva convertida poco a poco en una espiral de autodestrucción en un intento inútil por encubrir la infelicidad y la frustración vital. After contiene momentos de gran fuerza dramática, a pesar de un exceso de retórica, y podemos valorar el coraje narrativo de las secuencias en las que el realizador se acerca sin demasiados aspavientos y con cierto pulso a la vida privada de Manuel, Ana y Julio intentando y no pudiendo dar amor y luchando contra la imagen que el espejo inmisericorde de la edad les devuelve. After funciona en momentos aislados y los tres actores (Ulloa, Toledo y Romero) se meten de lleno en la piel de sus personajes pero tanto las actuaciones como la realización se ven lastradas por un guión hábil aunque algo histriónico y tramposo al servicio de una historia ya contada en otras ocasiones.




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