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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Confíen en mí, por favor

[eorue@divertinajes.com]

Sé que quienes me leen lo hacen en la seguridad de que van a encontrar aquí información útil (no me atrevo a escribir «valiosa») y un punto de vista razonable y razonado sobre la cosa editorial (ni me planteo escribir «literaria», obviamente no es lo mismo). Los lunes traen, a veces, noticias; otras, curiosidades; en ocasiones, historias. Y siempre exigen la complicidad del lector con quien esto escribe.

Hoy, apelo a su lado más juguetón y les pido que confíen en mí, como yo confié en el protagonista de este cuento verdadero. Nos ha salido un poco largo, pero merece la pena…

Capítulo 1. Una grabación

Antes del verano, Fernando Sánchez Dragó me invitó a participar en la grabación de la emisión Las noches blancas con la que se iba a inaugurar, el 31 de agosto, la temporada 2009-2010. La idea para el programa se la había dado una mesa redonda sobre worst sellers que yo había moderado en la Feria del Libro de Madrid, es decir, en mayo. Poco imaginaba que esa intervención iba a traer tanta cola.


Capítulo 2. Un espectador

Confieso que no vi la emisión, me da apuro contemplarme en pantalla (créanme, la tele engorda) y se emite muy tarde (perdón, Fernando, ¡no dejes de invitarme!). Pero, al día siguiente, con fecha 1 de septiembre y hora 3:50 am, me llegó un correo electrónico:

»Hace unos minutos, terminé de ver Las Noches Blancas y me animé a encender el ordenador para escribirte. Seré breve.

»Trabajo en la Librería de Lavapiés y, entre los libros de otros, vendo el mío: Otras Palabras. La editorial que tenía los derechos cometió errores tan graves como ponerle el isbn de otro libro (120 Páginas de Lluvia), ocasionado su desaparición en las bases de datos de las librerías que introdujeron los datos de ambos. Por ejemplo, en el portal de internet de La Casa del Libro aparecen los comentarios de los usuarios sobre mi libro, pero con la imagen y los datos de 120 Páginas de Lluvia.

»Tras una serie de acciones infructuosas, recuperé los derechos de publicación y me dieron unas cuantas cajas con ejemplares. Ya no tenía ahorros.  Fui al Parque del Retiro y busqué a personas con libros abiertos. Les daba mi libro y les proponía que leyesen un par de relatos mientras yo me daba una vuelta. Si después les interesaba y podían, lo compraban a diez euros. Hace dos meses, conseguí un trabajo de media jornada en la Librería de Lavapiés. A los clientes que han efectuado una compra y que viven en el barrio, les ofrezco llevarse Otras Palabras con el compromiso de regresar con el libro y optar por devolverlo o comprarlo. No les tomo los datos. Si no lo devuelven la falta es suya, no mía. En julio vendí siete. En agosto, 38. Ya hay quienes compran ejemplares para regalar. Espero que el crecimiento continúe. Culminando, a ti te ofrezco algo similar. Por favor, lee unos cuántos relatos y, si los consideras buenos, dilo.
 
»Si aceptas mi propuesta, indícame a qué dirección te lo puedo hacer llegar. Si tienes más tiempo, me gustaría contarte algunos detalles curiosos del libro.

»Saludos y muchas gracias por llegar hasta aquí.

»Rafael»

Capítulo 3. La lectura

Obviamente acepté la propuesta. Rafael R. Valcárcel, que ése es su nombre completo, me envió un ejemplar y, he de confesarlo, no me puse con él de inmediato. Ya saben: siempre hay un libro que ha llegado antes, un encargo que urge cumplir, una cita imposible de posponer. Pero, al cabo de un tiempo nada prudencial, empecé la lectura que, al poco, interrumpí. Motivos familiares, esta vez.

Entre tanto, Rafael me mandó un correo que (ahora puedo confesarlo) leí, pero cuyas instrucciones no seguí. Me proponía un juego, una especie de yinkana, y no estaba yo para adivinanzas. Además, antes, tenía que leer el libro. Cosa que hice. Y de la que no me arrepiento.

Capítulo  4. El juego final

Entonces, escribí al autor para pedirle permiso para decírselo, y para publicar su historia. También recuperé ese correo cuyas instrucciones no había seguido…

«Como te comenté anteriormente, el libro Otras Palabras tiene una serie de detalles que me gustaría compartir. Por ahora, te adelanto uno: El Relato número 28.

»Por favor, permíteme contarte esta historia de una manera distinta a las otras 27, pero que conserva la esencia que las une. Te prometo que, al llegar al final, quedarás complacida, o sorprendida. Quizá ambas sensaciones. Para ello, necesito que durante cuatro minutos confíes en mí y sigas, en orden, los pasos que te voy a dar.

»Paso inicial: Entra en www.iberoletras.com y échale una ojeada durante unos 30 segundos, haciendo clic aquí.

»Paso intermedio: Regresa a esa página y haz clic sobre el enlace “Ganador 2008” o haz clic aquí. Una vez ahí, durante un par de minutos, mira los “Detalles del libro” y, además, lee “las críticas”.

»Paso final: Estando en www.iberoletras.com haz clic sobre “Ganadores anteriores” y lee la reseña del libro premiado en 2003. O haz clic aquí y dirígete hasta el final de esa página para leer dicha reseña.»

No les voy a desvelar nada, si les apetece jueguen con Rafael y conmigo. Y lean a Rafael. Y no dejen de pensar en el esfuerzo inmenso que hacen algunos autores para llegar a su destino: las manos de los lectores. Sus manos.

A propósito de esa mesa en la Feria


Una de las editoriales participantes en la mesa redonda sobre los worst sellers era Errata Naturae.

La semana pasada, un libro de esta editorial pequeña, rara e insobornable, La herencia del olvido, de Reyes Mate, obtuvo el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Ensayo.

Felicité, por supuesto, a autor y editores y quise saber qué significa para un veterano de este mundo haber logrado semejante premio con editorial semejante:

«Tiene una gran significación porque la industria cultural se mueve y la mueven grandes empresas —me dijo Mate—. Lo que por ahí circula puede ser bueno o malo, da lo mismo, porque ellos venden todo. En una editorial de proporciones pequeñas, como Errata Naturae, si algo se premia solo puede ser debido a la calidad de la edición o al interés del texto. No hay trampa ni cartón. Por eso me alegra tanto, por mi y también por ellos».

Sobre portadas


Saben que tengo una pasión, inútil como tantas: perseguir portadas repes. O, en su defecto, emparentadas.

Unos amigos, cuyos nombres no doy no por hurtarles la paternidad del hallazgo sino porque no sé si quieren que lo revele, llaman mi atención sobre una curiosa coincidencia: la imagen que Rey Lear ha utilizado para la portada de La casa de cristal, de Isabel García Zarza, fue tomada en el mismo sitio donde se hizo la utilizada por Ariel en Los funerales de Castro, de Vicente Botín. Es decir: ambas fotografían el mismo espacio, la entrada al edificio donde está el restaurante La Guarida (escenario de la película Fresa y Chocolate) de La Habana, pero desde perspectivas diferentes.

También resulta curioso constatar cómo se extiende una estirpe: la de las portadas con mayúsculas, ustedes perdonarán el juego de palabras, quería decir, el de las portadas en las que se destaca la inicial del apellido del autor.


Algo más que un libro


Alfombra voladora sobre Bagdad
Hala Jaber
Traducción de Roser Berdaguer
Roca editorial

En abril de 2003, Hala Jaber se encontraba en Bagdad cubriendo la guerra de Irak. En un sucio hospital de la ciudad encontró a una niña de tres años, gravemente quemada después de que un misil norteamericano hubiera alcanzado el coche en el que huía con sus padres y sus siete hermanos. La niña se llamaba Zahra, que en árabe significa «flor». La madre había conseguido lanzarla por la ventana del vehículo en llamas junto a su hermana de tres meses. El bebé había salido milagrosamente indemne, pero no así Zahra. La visión de la pequeña, que se debatía entre la vida y la muerte en aquel hospital atestado de heridos y sin apenas medios, conmocionó a la periodista.

Tuve la oportunidad de compartir unas horas con Hala Jaber durante su visita a Madrid, y pude conocer algo más de su lucha y su trabajo, si es que a estas alturas ambas cosas no son una sola. Les animo a atisbar el drama que cambió la vida de Hala (a todos debería conmovernos) y lo que ella está haciendo pinchando aquí


La última respuesta
Álex Rovira / Francesc Miralles
Plaza & Janés

Hay una fuerza extremadamente poderosa que puede cambiar nuestra concepción del universo y nuestra propia vida. Hasta ahora nadie ha conseguido encontrar su explicación. Albert Einstein la resolvió en su momento en una ecuación matemática, pero, por un secreto motivo, decidió que permaneciera oculta. Javier, un guionista de radio, perdedor y un poco canalla, y Sarah, una misteriosa y seductora especialista en el genio alemán participarán en una búsqueda llena de peligros y sorpresas que les llevará a los lugares en los que vivió, trabajó, sufrió y amó el premio Nobel más famoso de todos los tiempos. Lo que desconocen es que su aventura en busca de la última respuesta será ante todo un viaje iluminador hacia lo más profundo de ellos mismos.


La historia que no pude o no supe escribir
Javier Cánaves
Baile del sol

«Ésta es la historia que no pude o no supe escribir en su momento. Podría pensarse que si no fue escrita entonces, ya no tenga sentido hacerlo ahora, pero aquí estoy, sin otra posibilidad o eso quiero creer. Los dedos se deslizan sobre el teclado produciendo un sonido adormecedor, semejante al de la lluvia. Es normal. No hay nada más parecido a un sueño, nada más similar al hecho de contemplar la lluvia, que un viaje al pasado, al propio pasado. Así pues, esto es el inicio de un viaje que concluirá en esta habitación, con un hombre que soy yo escribiendo algo que podría decirse que es su historia.»


La Cenicienta que no quería comer perdices
Nunila López Salamero y Myriam Cameros Sierra
Planeta 

«Y fueron felices y comieron perdices.» Éste es el final convencional que siempre nos han contado. Pero... ¿fueron felices de verdad?, ¿y si no les gustan las perdices?, ¿será el príncipe tan perfecto como aparenta en el cuento?, y la princesa, ¿encajará bien en su nueva vida?

La cenicienta que no quería comer perdices, que las autoras autoeditaron tras conseguir financiación gracias a amigos y conocidos, se convirtió en un éxito editorial antes de que Planeta decidiera publicarlo: empezó a circular por e-mail, en foros, en blogs...  


El señor de las flechas
Conn Iggulden
Traducción de Teresa Martín Lorenzo
La esfera de los libros

El joven Temujin se ha convertido en Gengis Khan, el victorioso comandante que conseguirá unir a las tribus más belicosas de las estepas. Su intención es forjar una nueva nación en las salvajes llanuras y montañas de Mongolia, un nacimiento sangriento que pondrá a un continente de rodillas. Durante miles de años, las tribus han sido mantenidas a raya por las fortalezas del imperio de los Chin, una tierra de enorme riqueza e ingentes ejércitos imbatibles. A cambio, los guerreros de Gengis sólo poseen el arco, el caballo y una disciplina de hierro nacida de una tierra de hielo, hambre y muerte. Las murallas de piedra se ciernen sobre los jinetes mongoles, su khan deberá derrotar al antiguo enemigo y llevar a su pueblo a la grandeza o ver cómo su gente se dispersa y sus sueños se rompen en mil pedazos.




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