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Errata

Evaristo Aguirre

Una razón para leer novelas


Hay quien no entiende que a partir de cierta edad se siga leyendo novelas; a mí me lo han dicho alguna vez. "Yo solo leo ensayo...". Pues muy bien, hombre. Se ocurren muchas razones para leer y leer ficción (es curioso, los que leen novelas también leen ensayos, ¿no? Poca gente dice “yo solo leo novelas…”. Bueno, no sé). Durante los últimos tiempos, a poco que se le eche una ojeada al periódico de vez en cuando, se sabe que en México impera la ley, violenta del narco, con la connivencia y el sometimiento de presidentes, militares, nuncios; que en España una organizada banda de corruptos y, lo que es peor, corruptores ha logrado imponer sus abusos y costumbres entre un buen puñado de empleados públicos elegidos por sus conciudadanos; que se ponen en marcha eficaces y feroces maquinarias políticas, retrógradas, claro, cuando en algunos países, EE.UU., por ejemplo, (también, siempre, en Latinoamérica) asoman aires de cambio; que el poder detentado por ciertos hombres requiere del uso y la ostentación del sexo, más bien de imponentes mujeres, como un estandarte, como la meada de un perro en una esquina. Son unas cuantas cosas nada más de lo que te encuentras...

Entonces, te pones a leer una novela y te habla de todo esto; y lo hace bien; y te engancha; y te da claves de lo que ocurre a tu alrededor o explicaciones plausibles de hechos recientes: por ejemplo, la victoria presidencial, más que sospechosa de Carlos Salinas de Gortari en México a finales de los años 80, gracias a la generosa y millonaria aportación de los señores de la droga. Es algo que todo el mundo intuía, algo que ningún periodista o historiador puede asegurar por ausencia de pruebas, pero que un novelista puede escribir, con verosimilitud y buen pulso, y convencer.


La novela se llama El poder del perro; el autor, Don Winslow (Nueva York, 1953); lo ha publicado en España Mondadori (la traducción es de Eduardo G. Murillo); y lleva un prólogo del escritor Rodrigo Fresán (hay que destacarlo, porque los prólogos de Fresán son siempre brillantes –creo que ya lo he dejado dicho por aquí alguna vez–, es un entusiasta y lo contagia: ¿para cuándo un libro que recopile los prólogos de Fresán?).

El poder del perro cuenta la lucha de una agente mestizo de la DEA contra el narcotráfico mexicano desde el final de los años setenta hasta hace dos días; contiene la historia del ascenso de un capo; es el relato de la intervención estadounidense en su patio trasero para evitar que el germen rojillo tuviera alguna posibilidad; presenta un puñado de biografías de un puñado de personajes de los verdaderos márgenes de la vida.

No sé (aunque creo que sí) si la historia real fue tal cual se narra en El poder del perro, pero sí sé que la novela es un reflejo de lo que ocurrió; de lo que está ocurriendo. Hace ya mucho tiempo, en una galaxia muy lejana (al menos eso me parece desde aquí), tuve una profesora de historia, una muy buena profesora de historia que creía en el poder de las novelas para saber más del pasado, y nos proponía que leyésemos novelas escritas en el periodo que estudiábamos o posteriores pero sobre aquellos tiempos. Y créanme, aprendí más de la Unificación italiana leyendo El Gatopardo que consultando el manual; y también de la revolución industrial en Portugal con La ciudad y las sierras; y del atraso español con Doña Perfecta; y de la convulsa Francia decimonónica con Zola… ¿Qué por qué sigo leyendo novelas a esta edad provecta?

eaguirre@divertinajes.com




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