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Evaristo Aguirre

Sobre Chéspir

Qué les voy a contar yo a ustedes que no sepan de William ShakespeareChéspir, pronunciamos los castizos–. Pues nada. Pero es posible que no estén al tanto de algunas novedades relacionadas con él y con su obra que andan por las librerías.


Para empezar, una editorial que se llama Rey Lear está claro que no puede vivir al margen del dramaturgo inglés. Acaban de publicar un cuento basado en la obra que lleva por título precisamente El Rey Lear. Se trata de una adaptación del escritor inglés Charles Lamb (1755-1834) quien, junto a su hermana Mary, se puso a hacer esta clase de traslaciones a principios del siglo XIX, en plena época victoriana. Esta edición, traducida por Raquel Breznes, lleva unas espléndidas ilustraciones del asturiano Alfredo (1933), un gran dibujante, muy conocido a través de sus colaboraciones en la prensa durante estos últimos años.


Otra joyita es La casa de Shakespeare, de Benito Pérez Galdós. Es un texto breve que el novelista canario escribió tras uno de sus viajes a Inglaterra, en 1889, en el cual se paseó por el pueblo de Chéspir. Se lee como uno de esos artículos de los suplementos de viajes de los diarios, aunque con observaciones mucho más agudas e interesantes, y bastante mejor escrito. Por cierto, estos de Rey Lear también han publicado Historia de Cardenio, una pieza basada en un episodio de El Quijote, escrita por Chéspir y John Fletcher, cuya autoría se ha confirmado recientemente. Pero hoy no toca hablar de esto…


Otra manera de acercarse al autor de… –no sé qué título poner– es mediante las versiones de sus comedias y de sus tragedias que han hecho unos cuantos autores contemporáneos. La editorial 451 ha seleccionado a Jesús Ferrero, Agustín Cerezales, Iban Zaldua, Irene Gracia, Javier Calvo, Nuria Barrios, Hipólito G. Navarro y Juan Sebastián Cárdenas para esta puesta al día de las Comedias shakespearianas, y a Isaac Rosa, Antonio Álamo, Berta Tabor, Luisa Castro, Irene Zoe Alameda, Enrique Prochazka y Andrés Barba para hacer lo propio con las Tragedias. Ante esta variedad de firmas y las características de este tipo de empeño, es fácil entender que hay un poco de todo, pero el resultado general está bien, deja ver cómo se han leído las obras sobre las que cada cual debía inspirarse, qué cuestiones y qué temas mantienen su vigencia y de qué manera lo hacen, qué tics necesitan o quieren repetir los autores, en qué se parece un encargo de estos a su literatura, escrita, se supone, con mayor libertad creativa.

Y para terminar, Harold Bloom. Este señor tan sabio tiene un libro que se titula Shakespeare. La invención de lo humano (Anagrama, con traducción de Tomás Segovia), que para completar este recorrido alrededor de Chéspir está muy bien. Y en El Acantilado, está Prefacio a Shakespeare, de Samuel Johnson (traducción de Carmen Toledano): Johnson fue una especie de Harold Bloom del siglo XVIII, que hizo una edición de las obras del dramaturgo, y este era el texto que las acompañaba.

Y después de todo esto… a leer al propio Chéspir, que también tiene su gracia.




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