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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Entrelazamientos cuánticos

Hubo una vez tres sabios eminentes Einstein, Podolsky y Rosen que descubrieron una extraña singularidad en el comportamiento de la física cuántica, la paradoja EPR (por sus apellidos), por la que dos partículas pueden estar separadas y “conocerse” la una a la otra sin estar en contacto y a una velocidad superior a la de la luz.


Cuando un escritor, que es además científico, para su primera novela se atreve a usar esta anomalía como metáfora estilística para narrarnos una relación sentimental marcada por la soledad pueden darse dos opciones: que su experimento fracase, o que esos entrelazamientos cuánticos le proporcionen un éxito inmediato y multitudinario. Mezclar física y sentimientos en una novela puede resultar una tentativa, a priori, descabellada, pero Paolo Giordano, un joven físico turinés, ha logrado en su novela La soledad de los números primos, y utilizando la sintaxis de estos números, presentar esa necesidad imperiosa del ser humano de compartir su soledad. Pero esa necesidad nunca se ve colmada del todo. Eso les sucede a los protagonistas de la novela, Mattia y Alice, la historia de dos personas unidas en un mismo destino y sin embargo absolutamente incompatibles.

En los dos primeros capítulos de la novela, Giordano nos da las coordenadas exactas de cada personaje, de los dos acontecimientos que van a marcar su vida en adelante cuando apenas han dejado de ser niños; acontecimientos terribles que, con el paso de los años, les irán sumiendo en su particular camino de de automarginación e insociabilidad. A partir de ahí en capítulos alternos en protagonismo, vamos adentrándonos a lo largo de los años en sus vidas paralelas; en su forma de hacerse daño; de tenderse puentes por los que son incapaces de transitar; de sus fintas y repliegues. Su soledad, según pasa el tiempo, los va separando y se va haciendo inadmisible, analogía perfecta de de los números primos gemelos, a los que alude el título, con un solo número entre ellos, pero situados a años luz el uno del otro.

La forma perturbadora en que Giordano describe el extrañamiento de sus protagonistas, esa rara enfermedad de dos soledades análogas, logra inmediatamente la empatía del lector. Aquí el sexo no es liberatorio, es algo por lo que hay que luchar; no es tampoco ni fácil, ni espontáneo, sino todo lo contrario: requiere un aprendizaje angustioso y complicado. Como partículas cuánticas que se atraen y repelen llevadas por fuerzas que no comprenden Mattia y Alice viven sus vidas en ese laboratorio que es la vida para ellos y para cada uno de nosotros.

Una primera novela construida con una perfección que sólo dan los años de oficio y que abre todas las esperanzas sobre los futuros trabajos de este joven autor italiano (nació en 1982) que ha logrado ya con ella los dos premios literarios más importantes de su país y el reconocimiento unánime de la crítica y público de toda Europa.




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