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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Las Partes


Alicia: Tú siempre encontrarás la manera de reubicar y ordenar adecuadamente todas las partes que conforman tu identidad.

El hombre: Yo no estaría tan seguro de ello…

Alicia: ¡Ya lo verás! Simplemente sostén un poco más, sólo un poco más.

El hombre: De acuerdo… Esperaré entonces. Hasta que resista. Aquí estaré; inmóvil y recio.


Hay días extraños… Días que parecen estados inventados de la mente. Ensoñaciones o juegos del cerebro y de sus conexiones. Hay días…

Días de silencio. Días de mirar lejos o de mirar hacia adentro. Días de tormentas que ocurren en el pensamiento. Días de granizo que golpea en secreto dentro del corazón. Días nevados debajo de la piel, que hielan las emociones. Días de bochorno en el sistema nervioso, días de humedad en el aparato circulatorio, días de temperaturas extremas en las arterias que pulsan y pulsan hasta ensancharse tres, cuatro, diez veces por encima de su tamaño medio.

Durante horas uno se queda suspendido, raptado, enterrado pero aún vivo, entre las tierras movedizas de esos días extraños.

Las garras y los labios de esos extraños días alienígenas tiran de uno y las partes antes ordenadas e impulsadas por un mismo objetivo, ahora saltan disparadas en distintas direcciones y cada parte intenciona un objetivo propio, un deseo único, una meta particular e individualizada.

De repente despierto y me quiero dormir de nuevo, porque me he dado cuenta de que una de esas partes que anida dentro de mí, está enferma… ¿Y qué hacemos con esa parte enferma, torcida, inadecuada? ¿Acaso sólo esa parte está enferma? Yo no lo sabía. No me había dado cuenta de que precisamente esa parte que yo tanto apreciaba, está retorcida de enfermedad y de dolor. Se enreda encogida sobre si misma y llora. Como si fuese una extremidad gangrenada, esa parte mía, antes tan cercana y amada, gime ahora lastimada, gime desconcertada, gime incapaz de encontrar la salida. A un brazo o a una pierna gangrenada, seguramente en un buen hospital, intentarían curarlos por todos los medios posibles y si finalmente nada surte efecto, los amputarían para no contaminar al resto del cuerpo.

Pero con una parte enferma del alma, de la psique, ¿qué se hace? ¿qué remedios se prueban primero y cuales van después? ¿Cómo se amputa con precisión justo a esa parte, para que el dolor no alcance a más partes, a más órganos vitales? ¿Cómo aliviar la desesperación y la agitación de esa parte que está atemorizada y confusa como un niño pequeño que se ha despertado durante una tormenta en mitad de la noche y que tras correr por el pasillo para llegar al dormitorio de sus padres, abre la puerta y se da cuenta de que allí no hay nadie, de que está por primera vez solo? Solo, sola ante lo desconocido.

Hay noches extrañas también… Noches extrañamente plácidas, dónde todo lo que sucede es felicidad.

Durante una de esas noches, estoy convencida de ello, tendré una revelación. El secreto de cómo curar mi parte enferma o de cómo amputarla, me será revelado. Y entonces, todas mis partes, todas las partes… se reorganizarán de nuevo, rápidamente, con certeza, con eficacia. Y todo sucederá casi sin percatarme de ello, casi sin darme cuenta… como normalmente sucede la felicidad. 


Pequeños Deberes- ¿Alguna vez te has dado cuenta de lo suavemente que se deposita la felicidad? Casi sin hacer ruido. Hay que estar atento, mirar de vez en cuando hacia la ventana, dejarla tal vez abierta incluso, para que pueda entrar si quiere… Y más aún, podrías dejar esparcidas en el alféizar, migas de alimento, alimentar la felicidad, para que desde la distancia pueda saber que pase lo que pase, en el alféizar de tu ventana es bienvenida. 

A.AliciaNlarealidad@gmail.com

 

Fotos de Jan Saudek




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