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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Monte Nebo y Camino del Sultán


Panorámica desde el Monte Nebo

 OTROS DESTINOS  

A primera hora de la mañana, ya estaba esperándonos en recepción nuestro chófer para llevarnos rumbo al sur por el llamado Camino del Sultán, también conocido como Tariq Al Sultan.

Pero, antes, una visita obligada: el cercano Monte Nebo, para contemplar lo que dejábamos atrás y lo que vio Moisés  cuando Dios le enseñó la Tierra Prometida. Quiero creer que en sus tiempos aquellos era un vergel, y no el secarral que vimos nosotras. Dicen que un día despejado, desde sus 800 metros de altitud se ve el Mar Muerto (lo vimos) y hasta Jerusalén (es posible).

En cualquier caso, la tradición asegura que Moisés no pasó de allí, y que allí, en algún lugar del Monte Nebo, está enterrado (Deuteronomio 34: 1-8). Razón más que suficiente para convertirse en sede monumental y destino de peregrinos. El moderno monumento ante el que Juan Pablo II rindió honores al profeta, la Cruz de la serpiente, me pareció tan feo que prefiero olvidarlo; el antiguo, una iglesia con forma de trébol levantada en el siglo IV, no pude verla por las labores de restauración que están realizando en todos los edificios del recinto. Sólo puedo recomendároslo pues como mirador.


Madaba - Centro

No muy lejos, a unos diez kilómetros al este, nos esperaba el mentado camino del Sultán, y en él Madaba, una pequeña ciudad que presume de albergar la mayor colección de mosaicos bizantinos del país si se suman todos los encontrados en iglesias y hogares.

Sin duda, el más llamativo y famoso de estos mosaicos, hechos todos ellos con pequeños trozos de piedras de la zona, es el Mapa de Tierra Santa realizado en torno al año 560 para cubrir gran parte del suelo de una iglesia. Lo que podemos ver hoy son los restos descubiertos en 1896 durante la construcción de la actual iglesia griega ortodoxa de San Jorge sobre la antigua bizantina. Aunque el mapa es muy claro y fácilmente interpretable, para ubicarse plenamente puede resultar útil consultar la reproducción que del mismo se exhibe en el exterior de la iglesia.


Mapa de Tierra Santa - Iglesia de San Jorge (Madaba)

En otra iglesia, la de los Apóstoles, convertida en sala de exposición para los enormes mosaicos que fueron y siguen siendo su suelo, paseamos por las tarimas laterales para descubrir las inscripciones, las colas de papagayo, los animales, las frutas y la personificación del mar, Thalassa, que cita nuestra guía.

Y a base de insistir conseguimos que el Parque arqueológico, un conjunto monumental en pleno centro, fuera incluido en nuestra ruta, todavía no nos explicamos cómo es posible que nuestros anfitriones desconocieran su existencia.


Mosaico del castillo de Herodes - Parque Arqueológico (Madaba)

Allí se exponen algunos mosaicos traídos de lugares tan sugerentes como el castillo de Herodes, pero sobre todo los suelos superpuestos de los edificios que conforman el museo: casas particulares, iglesias y hasta un pequeño tramo de la calzada romana. Así dicho parece enorme pero no lo es. Prácticamente todo se reduce a dos trabajos: una casa bizantina y la iglesia construida sobre ella. El vesíbulo de la primera continúa cubierto por un mosaico de la primera mitad del siglo VI en el que se identifican figuras de la mitología y tragedia griegas (Hipólito, que da nombre a la estancia, Fedra, Afrodita, Adonis, Eros) así como personificaciones de las ciudades de Roma, Gregoria y Madaba. En la segunda, la Iglesia de la Virgen, destacan dos mosaicos: uno de finales del siglo VI y otro de mediados del VIII, ambos con inscripciones de alabanza y petición a María.


Vestíbulo de Hipólito · Iglesia de la Virgen - Parque Arqueológico (Madaba)

Sin apenas darnos cuenta, pasamos del ajetreo de esta ciudad, que sorprendentemente muchos turistas eligen ya como base para sus excursiones por Jordania, al desértico cañón de Wadi Mujib, donde la única vida que avistamos fue la de los moradores de un par de campamentos de nómadas pastores y sus cabras. Este cañón fue frontera entre los reinos bíblicos de Amoritas y Moabitas.


Wadi Mujib


Guerrero nabateo - Fortaleza de Karak

En la fortaleza de Karak, mencionada en la Bíblia, tornamos al bullicio de los grupos y los guías turísticos para perdernos con ellos por el dédalo de edificaciones y galerías que tanta importancia tuvieron durante las Cruzadas. Lo más impresionante es su ubicación: siete niveles de construcción sobre un alto rodeado de profundos barrancos. Es interesante el museo habilitado en una de las salas inferiores, y tiene su aquel recorrer las galerías subterráneas. Su famoso relieve de un guerrero nabateo se localiza enseguida porque todos los grupos se paran largo y tendido frente a él.


Cena en Alí Baba - Aqaba

Aqaba es otra cosa. Es una ciudad de cualquier país. Creí que nos habíamos teletransportado a Salou o a Puerto del Carmen (ahora que tan de moda está Lanzarote). Llegamos al atardecer y la caminata hasta el restaurante que nos había recomendado nuestro guía fue suficiente para saber que no andaríamos mucho más después de la cena.

Madrugamos para pasear por la playa, pero nos encontramos con las vallas que acotan las parcelas de cada hotel así que nos sentamos a hablar en el embarcadero del nuestro. Al poco se acercó una embarcación con fondo de cristal cuyo patrón se ofreció a enseñarnos la barrera de coral y otras maravillas del fondo marino local además de acercarse lo más posible a Israel. Acordamos un precio (creo recordar que 30 dólares) y para allá fuimos. Ya había leído que el buceo y el snorkeling eran los atractivos turísticos de la zona, los barcos con suelo de cristal para los menos aventureros. No sé qué verán en las profundidades más profundas pero lo que vimos nosotras es tan vergonzante que mejor no enseñarlo y dedicarse a limpiar: restos de embarcaciones, latas, botellas y todo tipo de residuos inorgánicos, amén de unos enormes erizos de mar y alguna que otra formación de coral. 


Aqaba

De vuelta en el hotel, nos dimos un baño en el azulísimo Mar Rojo que veníamos de surcar y nos tumbamos hasta el mediodía, momento en el que nos recogerían para llevarnos al cinematográfico desierto de Wadi Rum.

A pie de carretera nos cambiamos a uno de los todoterrenos regalados por España y nos dejamos guiar, una vez más, por los pasos de Lawrence de Arabia y por un chófer local al que interpretábamos con la ayuda de nuestra guía de papel. En este desierto de moles rocosas imponentes y arena roja se instaló el británico durante la Gran Revuelta Árabe de 1917-8 (su obra Los siete pilares de la sabiduría pasa por ser unos de los libros más relevantes sobre el lugar) y aquí se filmaron escenas de la película de David Lean que tanto nos gustó en su día.

No faltan un centro de interpretación con tiendas, restaurante y alojamiento a la entrada (de haberlo sabido, posiblemente habríamos tratado de dormir allí en lugar de en Aqaba), ni un animado pueblo beduino por los que pasamos de largo antes de perdernos entre las formaciones, a algunas de las cuales nos encaramamos no sin dificultad.


Siete Pilares · Restos de un templo nabateo - Wadi Rum


Desfiladero · Tienda de beduinos · Nuestro chófer - Wadi Rum

Compartimos cámara Eva Orúe, el polvo y yo misma. 

 

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