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Errata

Evaristo Aguirre

No future!

La primera vez que supe del punk fue, créanlo, en el suplemento dominical del diario ABC; debía de ser el final de 1977 o el principio de 1978 –lo calculo porque la explosión pública del fenómeno en el verano del 77–. Los pelos teñidos, la ropa rota, los tejidos escoceses… aquello llamaba la atención de un adolescente. Debió de ser el verano siguiente, cuando compré el single de los Sex Pistols, God Save the Queen, junto a otro de los Beatles, en la tienda de electrodomésticos del lugar en el que veraneaba con mis padres y mis hermanos; claro que no tenía donde ponerlos, pero bien guardados llegarían en buenas condiciones a casa, a mi rudimentario tocadiscos. Aquella música me atrapó; y ese estribillo de “no future” me daba que pensar.


Jon Savage (que ahora es periodista musical) era mayor que yo por entonces y vivía en Londres, la ciudad en la que se cocían las cosas del pop desde el inicio de la década anterior, y vivió aquel intento de revolución, y tenía su diario aquellos días… y terminó por escribir un libro, England’s Dreaming. Los Sex Pistols y el punk rock (Mondadori, con traducción de Marc Viaplana).


Todo empezó en la cabeza de un tío de esos que no pueden estarse quietos, un fuguilla llamado Malcolm McLaren, que andaba metido en montar tiendas de moda que fueran algo más, lugares de referencia para la inquieta juventud inglesa. Era estudiante de arte, le había marcado el Mayo del 68 parisino, seguía las teorías de los pensadores situacionistas, creía que el modelo de la industria discográfica había traicionado la primigenia rebeldía y contestación del rock and roll… En paralelo, Inglaterra pasaba una crisis de identidad, lo que suele coincidir con que la economía no va bien, y los jóvenes de la periferia londinense estaban cabreados, o al menos a punto de cabrearse. Cuatro de aquello jóvenes fueron reclutados por McLaren para lo que luego sería el grupo Sex Pistols. Junto a ellos, una corte de airadas y airados fue dando forma a eso que ya conocemos como punk.

Y llegó Margaret Thatcher y ganó las elecciones y el Reino Unido se hizo ultraconservador; y pasaron los años y la iconografía punk perdió una buena parte de su elemento provocador y se ven, ahora, en los gimnasios, señoras de esas que llamaríamos pijas con camisetas de los Pistols o de los Ramones (y hacen bien porque muchas son estupendas); y el otro día Madonna, en un concierto en Madrid tirando a insulso y en la más pura tradición de “todo por la pasta”, arrancó uno de sus hits con el riff de guitarra de God Save the Queen

No importa la decadencia o el desbordamiento de las cosas, aquello ocurrió y hoy, mucha de la música pop o rock o electrónica que escuchamos, muchas de las actitudes sociales (buenas y malas), mucha de la estética (pintura, moda, cine) que nos rodea resultaría impensable (pronúnciese: im-pen-ssa-bbllle) sin aquella explosión punk. Y al final, resultó que algo de futuro había.

eaguirre@divertinajes.com




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