Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

No hay que fiarse de las fotografías


Para muchos lectores españoles la figura del escritor inglés Jonathan Coe (Birmigham, 1961) se difumina entre las otras luminarias de sus compañeros de generación: McEwan, Ishiguro, Barnes, Amis, Rushdie, cuando en realidad brilla a su misma altura y en ocasiones los supera.

Tal vez se deba a que éstos, a veces por motivos absolutamente extra literarios, han logrado una mayor proyección pública, o su obra ha tenido una mejor acogida entre las camarillas literarias. Sin embargo, el rigor, la particularidad y la validez de toda su producción son constantes a lo largo de toda su trayectoria, y nos retratan a un autor poco menos que incatalogable dispuesto en cada novela a dar un triple salto mortal sin red jugándose el todo por el todo.

Acostumbrados como lectores a los grandes frescos políticos sobre la Inglaterra contemporánea que aparecieron en la pasada década, que fueron el soporte de su actual fama en todo el continente y que incluyen títulos como ¡Menudo reparto! (1994) —una visión sarcástica de los tiempos tacherianos en clave Evelyn Waugh— y, sobre todo, el díptico formado por El club de los canallas (2001) y El círculo cerrado (2004) —un certero, acerado, casi microscópico análisis de la evolución de Inglaterra en las últimas décadas—, no podemos sino sentirnos cuando menos sorprendidos con la aparición de su última novela publicada en España con el título de La lluvia antes de caer, un melodrama femenino en toda regla, pero en el que, a poco que se bucea entre sus páginas, afloran todas las constantes de su obra anterior presentadas, eso sí, bajo una forma diferente: una constante reflexión sobre el paso del tiempo, un examen casi clínico de las relaciones intrafamiliares y un áspero discernimiento de la nostalgia.

Para ello el autor se sirve de la voz de Rosamond, una anciana recién fallecida, que nunca se casó ni tuvo hijos, grabada en unas cassettes que una sobrina de la fallecida, Gill, descubre junto a sus objetos personales, y que están dirigidas a una desconocida de nombre Imogen. En esas cintas, Rosamond va repasando veinte fotografías que van revelando la historia de la familia, de tres generaciones de mujeres unidas por un destino común.


Retrato delicado y a la vez implacable de la sociedad rural inglesa de posguerra, tan poco transitada por la literatura británica contemporánea, excepción hecha de Ian McEwan y su extraordinaria Chesil Beach y por lo último de Sarah Waters (The Little Stranger), y que, según palabras del propio Coe es debido a que las conciencias de los escritores de su generación fueron producto de las revoluciones de finales de los años sesenta, por lo que menospreciaban el periodo anterior, resultando abrumador descubrir lo diferente que era el mundo sólo media década atrás. Su interés por esa época proviene del descubrimiento que para él supusieron esos años mientras trabajaba en la biografía de un autor inglés vanguardista de los cincuenta, apenas conocido, un tal B.S. Jhonson, que apareció en 2004 bajo el título de Like a Fiery Elephant.

Esta vez, Coe se aleja del realismo de sus anteriores obras para permitirse alguna licencia poética en estas idas y venidas de la relación de su protagonista con su prima Beatriz, su hija Thea y su nieta Imogen, remodelando la realidad a su gusto, para que adquiera sentido y se ajuste a sus propios patrones. Es la mentira que une al autor con el lector, el vínculo que se establece entre ambos.

Como lector he seguido con profunda delectación esa voz de Rosamond, sombría y a veces pavorosa, aunque delicada siempre, que nos viene a decir que no hay que fiarse de las fotografías porque en ellas todos sonreímos; y que va preparando tanto a la destinataria de las cassettes como al lector para un final doloroso y difícil que, a pesar de todo, no queremos dejar de escuchar.




Archivo histórico