|
26 de noviembre de 2007
Qué hambre
El chaval lleva por nombre Alex Kapranos, nació en 1973, en una familia anglo-griega. Se ganó la vida trabajando en cocinas varias, a la vez que tocaba la guitarra y cantaba en una banda de rock, desde 2001, en Escocia. Allá por 2004, publicaron un disco que se llamaba como el grupo, Franz Ferdinand, y alcanzaron un éxito rotundo, con unas canciones impregnadas del espíritu del pop-rock de los años ochenta, cuando ellos no eran más que unos niños. Luego vino un segundo disco, You Could Have It So Much Better, y se convirtieron en estrellas, en uno de esos grupos que recorren el mundo con sus giras; de hecho, hasta el año pasado han dado la vuelta a globo un par de veces.
Sorprende la poca presencia de la música en estas páginas, mientras que los recuerdos, sobre todo de infancia, tienen una presencia constante. Los sabores y las texturas que Kapranos descubrió de niño, tanto en Inglaterra y Escocia como en
La lectura de este Sound Bites da hambre. Parece una perogrullada pero, a mí al menos, no todos los textos gastronómicos me dan hambre. No sé si se puede considerar a Kapranos un gran experto en la materia, pero sí estoy seguro de que es un gran disfrutón, y quienes disfrutan de verdad con la comida, la música, el arte o la literatura no se equivocan cuando describen eso que tanto les ha gustado; y cuando dan una pista, hay que seguirla, aunque sea para decir luego que no era para tanto… Y hablando de disfrutar y de disfrutones, nos ha llegado otra lista de libros preferidos. La firma J., pero como ya apareció una J. en la entrega primera, llamaremos a esta J2. Ahí va: Crimen y castigo y El idiota, de F. Dostoievski; Las novelas del Gaviero, de Á. Mutis; El gran Gastby, de F. Scott Fitzgerald; Las palmeras salvajes, de W. Faulkner; El cuaderno gris, de J. Pla; Diario íntimo y Memorias, de González Ruano; Guerra y paz, de L. Tolstoi; Rayuela y los cuentos, de Cortázar; Los Maia, de Eça de Queiroz. Y termina diciendo: “Paro, porque podía estar todo el día…Umbral, Bearn, Trapiello… El extranjero… Gil de Biedma…”.
|