|
19 de noviembre de 2007
Listas No sé si recuerdan, pero hace unas semanas les propuse enviar, si les parecía bien, una lista con su canon literario, con sus obras preferidas o las que más les marcaron o las que recuerdan con más cariño o lo que fuera. Han sido cinco lo lectores que se han lanzado: dos hombres y tres mujeres, a quienes solo identificaremos con su inicial. He respetado el que hayan puesto primero el título o el autor –igual tiene una interpretación–. Aquí van las listas. M.: Adolfo Bioy Casares: La invención de Morel; Emily Brönte: Cumbres borrascosas; Mijail Bulgakov: El maestro y Margarita; Dino Buzzati: El desierto de los tártaros; Truman Capote: A sangre fría; Agatha Christie: El asesinato de Roger Ackroyd; Denis Diderot: Jacques el fatalista; Graham Greene: El poder y la gloria; Joseph Roth: La marcha Radetzky; Mika Waltari: Sinuhé el egipcio.
84 Charing Cross Road, de Helene Hanff; El Cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell; Noticia bomba, de Evelyn Waugh; Poesías completas de Kavafis; La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson; A sangre fría, de Truman Capote; El americano impasible, de Graham Greene; La gente de Smiley, John Le Carré; Las increíbles aventuras de las hermanas Hunt, de Elisabeth Robinson; La línea de la belleza, Alan Hollinghurst; En el camino, de Jack Kerouac. S.:
Y añade S.: “En honor a la estricta verdad, debería haber incluido la colección de Torres de Malory,de Enid Blyton, y Viento del este, viento del oeste, de Pearl S. Buck, leídos durante mi pre adolescencia los primeros y en plena adolescencia el segundo, y que me gustaron a rabiar”. V.:
“Esto es casi una misión imposible, pero vamos allá”, empieza J. Leopoldo Alas: La Regenta; Max Aub: El laberinto mágico; L.F. Céline: Viaje al fin de la noche; Miguel de Cervantes: El Quijote; John Dos Passos: Manhattan Transfer; Ernst Hemingway: El viejo y el mar; Franz Kafka: El proceso; Jack Kerouac: En el camino; Thomas Mann: La montaña mágica; Mercè Rodoreda, La plaza del Diamante. Y termina diciendo: “Como siga pensando en ello seguro que hago veinte cambios más y sigo contradiciéndome a mí mismo; a esta altura de la película, necesito como mínimo incluir 20 títulos”.
¿Discutibles? Pues claro. Pero lo que resulta evidente es que no hay un solo modelo de lector. Y en este caso, eso me gusta especialmente, ya que me encanta que los más variados gustos, las actitudes lectoras más diversas, la gente que quiere a los libros, a sus libros, me gusta que estas personas hayan pasado –o pasen habitualmente, quién sabe– por esta Errata al menos una vez y se hayan decidido a escribir. Gracias a M., B., S., V. y J. Por mi parte, buscaré algunos de los títulos citados que desconozco, intentaré leer a los presocráticos, para hacer caso a V., por ejemplo. Y las listas indiscutibles, a buscarlas en otro sitio, que aquí lo que nos gusta es leer y disfrutar y contárselo a los amigos.
|