29 de octubre de 2007

Más de mil páginas

A estas alturas, ¿quién no ha oído hablar de la novela de Jonathan Littell Las benévolasLes bienveillantes, en su versión original en francés–? En estos días, ya se puede comprar la versión traducida al español, por María Teresa Gallego Urrutia, de la editorial RBA, donde en vista del éxito en Francia han decidido salir a la calle con 50.000 ejemplares. Esto huele a superventas…

Unas aclaraciones: Littell (Nueva York, 1967) es, no obstante su origen familiar estadounidense, un escritor francés, pues en París ha vivido desde los tres años y en francés ha escrito esta novela de debú. Por las escasas entrevistas que ha dado, porque no se presentó a recoger el premio Goncourt –el premiazo francés–, por esos detallitos que han aparecido en la prensa en este último año y pico y porque ya ha dicho que no sabe si volverá a escribir otra novela, Littell parece que es un tipo esquivo, poco complaciente. Quizá se lo puede permitir a tenor del pelotazo que ha dado con su primer libro de ficción.

Si entienden más o menos el francés, échenle un ojo a este vídeo en el que el director de la revista literaria Lire cuenta y explica muy bien el libro y le lanza al autor unas flores que para qué.

Un resumencillo: Las benévolas cuenta la historia de un oficial de las SS, Max Aue, medio alemán medio francés (de Alsacia, territorio largo tiempo en litigio entre ambos países). Es doctor en derecho, un hombre de exquisita y razonada cultura y un
homosexual vergonzante, que arrastra la carga de un amor incestuoso por su hermana gemela, Una, y el abandono de su padre de niño y el desprecio, si no odio, por su madre y su padrastro.

Tras la II Guerra Mundial, tras la derrota de los suyos, de los nazis, de los alemanes que colaboraron con un terrible sistema de gobierno y que se dejaron llevar, con mayor o menor pasividad, por una criminal corriente, tras ésa derrota, Aue se esconde en Francia, donde se casa, tiene hijos y lleva una vida normal. Desde esa posición, se decide a narrar la parte más oscura de su vida (en ello consiste esta novela): las SS –a las que se afilia para no pagar tasas universitarias, dice–, el frente ruso –en Ucrania, en Stalingrado–, la ejecución de judíos, el Berlín bombardeado, las relaciones de alto nivel con los gerifaltes del régimen fascista, la convivencia cotidiana con el horror, con el absurdo tomado ya como algo perfectamente normal, el intento de racionalizar la productividad de los campos de concentración y su desalojo ante la ofensiva rusa. Y también un turbio episodio familiar con aires de género policiaco (polar, lo llaman los franceses).

“¿Qué hombre en su sano juicio habría imaginado jamás que seleccionarían a juristas para asesinar a gente sin juicio?”

Al grano: La historia que contienen estas más de mil páginas es, creo yo, una de las grandes novelas que se han escrito en los últimos años, no sé cuántos, pero un buen puñado de años. Se trata de la exposición de los hechos de un verdugo, un verdugo inteligente, amoral, probablemente, cínico, con toda seguridad, pero listo, sagaz en las reflexiones a las que le lleva lo que está viviendo, en lo que está participando.

No sé si es una novela sobre el mal, desde luego que el mal es un elemento presente casi en cada página –hay escenas que preferiría no volver a leer más, la verdad–, pero no es un mal sin salida, como han escrito algunas críticos, no es el mal absoluto.

“Salí de la guerra, dice el protagonista, como un hombre vacío, solo con amargura y una larga vergüenza, como arena que chirría entre los dientes”.

Es verdad, Aue es culpable, quizá doblemente culpable dado que, en ocasiones al menos, es consciente de lo que ocurre, del alcance moral de lo que ocurre; dado que, a veces, duda.

“Como en la Edad Media, razonábamos por silogismos que se probaban los unos a los otros. Y estas pruebas nos llevaban por un camino sin retorno”.

Las benévolas tiene una carga narrativa apabullante, Littell ha sido capaz de incluir en su novela largas explicaciones etnográficas y militares e históricas; ha logrado dotar de una indiscutible vida a cada uno de sus personajes, tanto a los inventados como a los reales –la presentación de Albert Speer es magnífica–; ha conseguido mantener el pulso página tras página.

“Pensaba que había algo crucial, y si lograba comprenderlo, lo entendería todo”.

Desde el primer momento de su publicación –lo dicen incluso en la contraportada de su primera edición francesa–, se ha relacionado Las benévolas con Vida y destino, la novela del ruso Vasili Grossman (1905-1964), que se acaba de retraducir (Marta Rebón) y de publicar (Galaxia Gutenberg) en español. Vida y destino trata de la batalla de Stalingrado y fue prohibida por el régimen comunista, del que provenía su autor.

No he leído esta novela, pero ya saben aquello de que un libro lleva a otro libro, y tras leer a Littell, creo que no me queda más remedio que meterme con Grossman; otras mil páginas… Ya les contaré.





eaguirre@divertinajes.com
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