25 de junio de 2007

Mentores y discípulos

Sí, el de la derecha de la foto es Mario Vargas Llosa; el de la izquierda se llama Antonio García Ángel, es colombiano (Cali, 1972) y novelista, publicó en 2001 Su casa es mi casa y hace unos meses volvió con Recursos humanos (Lengua de Trapo). El escritor experimentado ayudó al principiante durante la redacción de su segunda novela, lo que no es algo habitual en el competitivo, celoso y envidioso mundo de las letras.

La marca de relojes Rolex tiene un programa de mecenazgo en el que un artista reconocido apadrina a uno novel y le asesora y aconseja durante la realización de una obra. Ahí han coincidido los dos de la foto.

Los músicos, en algún momento de su formación, reciben clases de de un maestro; antaño, los pintores y escultores trabajaban en el taller de un consagrado; un arquitecto que empieza lo hace en un estudio, quizá como becario... Los escritores no, ellos van más a su aire (a lo mejor no puede ser de otra forma) y, de hecho, eso de las escuelas donde se enseña a escribir no está muy bien visto. Si a esto se le añade que es casi imposible que un escritor hable bien de otro (contemporéneo, claro, que para los muertos hace siglos siempre hay grandes palabras) pues esta iniciativa adquiere mayor relevancia.

No es posible saber dónde ha estado la influencia de Vargas Llosa en esta novela, Recursos humanos, entre otras cosas porque el peruano, creo yo, no tiene un estilo, unos temas o una manera de narrar que se repita en toda su obra. Si el mentor hubiera sido Camilo José Cela y encontráramos en el libro resultante palabros larguísimos y rebuscadísimos (y a menudo innecesarios); si hubiera sido Paul Auster y todo ocurriera por casualidad; o Javier Marías y el protagonista bebiera siempre en vaso largo; o Antonio Muñoz Molina y apareciera un pueblo de la España profunda habitado por gente seria y un pelín trascendente... entonces, de ser así, reconoceríamos la huella del maestro (vale son ejemplos un poco burdos, lo reconozco).

Pero con Vargas Llosa no pasa eso, y además nos da igual, pues si García Ángel ha podido disfrutar de unas cuantas charlas con el autor de La ciudad y los perros y le han servido en el proceso de creación y redacción, pues estupendo, nosotros tenemos que leer sin que eso suponga ni un obstáculo ni una ventaja.

Recursos humanos se centra en un jefe de un departamento de una empresa de alimentación, un tipo quemado con la vida, bueno en realidad quemado con él mismo, alguien que se relaciona mal con sus empleados y con sus superiores, con su familia. La novela tiene mucho de exposición de los problemas contemporáneos a través de los comportamientos en el lugar de trabajo, que es donde la mayoría de los habitantes del planeta pasamos más tiempo. Siendo un poco atrevidos, podríamos hablar de un Bartleby del siglo XXI, pero aquí el escribiente prefiere hacer las cosas, mal, pero las hace, y la lía cada vez que tiene posibilidad. García Ángel introduce, con eficacia, una serie de tramas que dotan a la historia de una consistencia y de un interés que están muy bien.

eaguirre@divertinajes.com
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