11 de junio de 2007

Miscelánea

Hay un tipo de libros que me gustan mucho, eso en los que no se trata de un género concreto, esos en los que te encuentras con un relato, con un recuerdo, con un artículo, con unos versos, incluso. Ya hemos hablado aquí de Juan Bonilla o de Sergio Pitol, que publican volúmenes de estos con frecuencia. Y hace unos días, me encontré en una librería con otra obra que responde a estas características, Contra la república perfecta (Abada Editores), de Adolfo García Ortega.

Notas para un poema sobre Moscú; textos de un revolucionario literario, iconoclasta y descontento con la república de las letras imperante; una versión del Je me souviens, de Georges Pérec; el esqueleto de un relato sobre una taxista mexicana; una reflexión sobre cine; otra sobre Proust... Esto es algo de lo que hay en esta miscelánea titulada Contra la república perfecta.

Adolfo García Ortega (Valladolid, 1958) es un escritor de larga carrera y de variada oferta literaria. En la actualidad es, tengo entendido, uno de los capitostes del Grupo Planeta (en la parte literaria, claro), y lleva muchos años vinculado al mundo de la edición; entre otras cosas, ha sido el relanzador del sello Seix Barral. Así, su faceta creativa no es la que le da de comer y, quizá, por ello es un tipo que escribe esto o aquello, una novela, unos poemas... y que los publica en editoriales de todo tipo.

Un repaso rápido de algunos de sus títulos da una buena idea de este nomadismo editorial. Su mayor fidelidad ha sido con Ollero & Ramos, donde han aparecido algunas de sus novelas, como Lobo (2000), Mampaso (1990; reeditada en 2001), El comprador de aniversarios (2002) o Café Hugo (1999; reeditada por Bruguera en 2007). Bruguera ha sacado Autómata (2006). En Pre-Textos han aparecido los relatos de Los días rusos (1996) y el poemario Travesía (2000). Para Trieste, a principios de los años ochenta, tradujo las Obras Completas de A. O. Barnabooth, de Valéry Larbaud. La Fundación Jorge Guillén publicó La ceniza del paraiso y otros poemas (1997) y la Diputación de Granada, Pienso siempre en aquellos (2002), una antología de sus versos de entre 1983 y 2000. Y tiene más...

García Ortega es un escritor interesante, variado. El único hilo conductor que yo he encontrado tras la lectura de algunos de sus libros (no he leído todos lo señalados arriba) es una cierta voluntad de cosmopolitismo, un cierto gusto por utilizar las referencias culturales (libros, autores, películas...) como elementos de su narración, un cierto agrado en moverse en el pasado, en el pasado no muy lejano.

Lo que ocurre es que ese cosmopolitismo se equilibra con la facilidad con la que se mueve en territorios más locales, como se aprecia en Café Hugo. La acción transcurre en un café de una ciudad de provincias española, quizá su Valladolid natal, y por aquella barra y aquellos veladores desfilan unos personajes entre entrañables y aborrecibles (como en todos los cafés o bares). La leí hace tiempo, pero guardo un estupendo recuerdo de Café Hugo.

eaguirre@divertinajes.com
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