28 de mayo de 2007

Adaptaciones, reescrituras, versiones...

Estos títulos que ven aquí arriba (las Leyendas de Bécquer, el Cid y el Lazarillo), además de obras de Shakespeare y algunos otros libros clásicos (usemos clásicos como "lo libros que te obligan a leer en el colegio, a menudo no lo has hecho y no vuelves a intentarlo nunca más en tu vida"), estos libros, decimos, corren peligro. Bueno, en realidad, es todo lo contrario. Un editor atrevido, Javier Azpeitia (del nuevo sello 451 Editores), ha reclutado a unos cuantos escritores españoles que rondan la cuarentena (vale, la mayoría de ellos ya la han pasado) y les ha propuesto reescribir, versionar, hacer remakes de los textos citados.

Así, Antonio Orejudo, Luisgé Martín y Rafael Reig (con el Cid), Lorenzo Silva, Elia Barceló, Juan Bonilla, Carlos Castán, Fernando Marías, Marta Sanz, Juan Bas y Mercedes Abad (con Bécquer) y Martín y Nicolás Casariego, Marta Rivera de la Cruz, Marcos Giralt Torrente y Francisco Casavella (con el Lazarillo) se han puesto a ello. Llegarán, los remakes de Shakespeare de la mano de Félix Romeo, Isaac Rosa, Nuria Barrios, Antonio Álamo, y otros.

En los tres libros ya publicados, hay un poco de todo, hay miradas muy buenas, hay cosas que se quedan en chistes y hay modestos fracasos. Es muy difícil mantener el nivel entre tantas personas y entre tantos textos, pero el experimento a mí me ha gustado. Cualquier aficionado al cine, a la música o a la pintura sabe que es una práctica habitual e incluso muy de agradecer esta de hacer versiones. Donde esté el My Favourite Things de John Coltrane, que se quiten Julie Andrews y los niños Trapp de Sonrisas y lágrimas; Historias de Filadelfia es una maravilla, pero tampoco está nada mal Alta Sociedad...

Muchos de los escritores que están en este proyecto, estuvieron, hace diez años en una antología de relatos, Páginas amarillas, que determinó, más o menos, quienes eran los compontentes de la generación literaria de los nacidos en los años sesenta. Muchos de aquellos han tenido (están teniendo) carreras interesantes, otros se han medio esfumado y otros más, que no publicaron entonces, están ya incoporados al grupo (un grupo para nada homogéneo y cuyos presuntos integrantes no tienen casi nada que ver los unos con los otros, salvo que algunos sean amigos, a algo así). Es otro atractivo de esta colección.

Pero lo mejor, con diferencia, es el prólogo que se ha publicado en el volumen ¡Mio Cid! a modo de explicación de la idea general. Es anónimo, pero tiene todas las trazas de que su autor sea el editor, Javier Azpeitia (que también es un novelista curioso, por cierto). Voy a citar algunas frases (ustedes me lo perdonarán, estoy seguro, y me lo agradecerán cuando acaben de leer).

"Ya antes de la escritura, la repetición de los textos orales era una de las formas de creación literaria [...]. Y decimos una de las formas de creación y no de transmisión porque la memoria falla, como humana, así que la literatura se fue alimentando con eso, con los textos repetidos y rehechos: memoria y olvido, copia fiel y error. [...] Quien piense que las obras fundamentales escritas en castellano, ya que estamos utilizando este idioma, son producto exclusivo y puro del genio literario de sus llamados autores, se ha perdido bastantes capítulos de la historia de la literatura".

Pues eso.

eaguirre@divertinajes.com
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