14 de mayo de 2007

Con las manos en la cabeza

Es el primer libro que leo de José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1930), más allá de algún artículo y algún poema en antologías. Me parecía atractiva esa personalidad tan pegada al campo, a Castilla, tanto en la actitud como en el estilo, y por ello me habían gustado más los artículos más líricos que los más opinativos.

Sin embargo, tras la lectura de Advenimientos (Pre-Textos), es un dietario de los años 2001 a 2004, he descubierto a un escritor conservador, cristiano, con tintes reaccionarios, interesante, por encima de las discrepancias, que son muchas.

Hay un pesimismo constante, una reprobación ininterrumpida de cuanto pasa en este rincón del mundo, Europa, que no es sino un reflejo de la decadencia de Occidente, a tenor de lo que Jiménez Lozano expresa en estas recomendables páginas. Me gusta el pensamiento reaccionario. Todos tenemos nuestros momentos elitistas, misántropos, individualistas e intolerantes, pero mantenerse así ante toda circunstancia es, creo yo, admirable (hablo siempre de liteartura, porque en la vida real, en le poder, los reaccionarios suelen resultar de lo más pernicioso).

El fundamentalismo islámico es, para este autor, comparable a una "teología de la liberación en el Islam": toma ya. El antisemitismo, que dice reina en Europa, y también en España, lo confunde, simplemente, con antisionismo o con la más sencilla oposición al gobierno de Israel: y se queda tan tranquilo. Se queja amargamente de que una radio francesa informa sobre el comienzo y el final del Ramadán musulmán, porque no hay semejante información a propósito de la Cuaresma: ¿no se da cuenta, desde su retiro rural, de que España se paraliza durante la Semana Santa y se retransmiten por las televisiones la procesiones católicas? Insiste en la "tolerancia" (?) de cierto progresismo occidental respecto a los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, pero no dice ni mú sobre los del 11 de marzo en Madrid: aunque igual se me ha pasado a mí...

Está claro, cuando se leen estos Advenimientos, que no es fácil encarar el cambio del mundo que uno conoce. Las sociedades, las costumbres, los valores morales y las ideas están moviéndose constantemente y aceptar ese movimiento o, mejor, adaptarse a él resulta dificíl cuanto mayor y más reaccionario se es. Aunque, curiosamente, los reaccionarios tienden a admitir determinadas transformaciones, por radicales que sean, cuando se ajustan a sus ideas.

La explicación conservadora de la vida, más si tiene un componente religioso, tiende a ser fácil y a tener fórmulas válidas para cualquier acontecimiento (no digo que la mirada progresista no sea parecida, pero, se siente, estamos hablando hoy de los conservadores). El reaccionario se echa las manos a la cabeza, se mesa los cabellos y se queja de que lo nuevo choca con lo normal, con lo de toda la vida (que suele ser como mucho lo de su vida o la de sus padres). Y se queja muy a gusto. A partir de ahí, queda rechazar de plano las novedades.

En esta libro, hay unos comentarios sobre lecturas, sobre arte, sobre la naturaleza verdaderamente deliciosos. De hecho, todo el dietario está muy bien escrito, tiene un ndudable interés y conforma esa literatura española contemporánea de verdadero valor. Pero es muy reaccionario, qué le vamos a hacer.

 

eaguirre@divertinajes.com
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