23 de abril de 2007

Edgar Neville (1899-1967)

Se cumplen hoy, 23 de abril, 40 años de la muerte de Edgar Neville, un creador español, de Madrid aunque con ascendentes británicos, que escribió relatos y novelas y teatro y que dirigió cine. No es el suyo un nombre que suene mucho, ni se pueden encontrar la gran mayoría de sus libros en ediciones recientes o sus películas en DVD. Cuando en 1999 se cumplió su centenario, apenas se publicaron algunos reportajes en la prensa (en ABC, diario del que fue colaborador habitual muchos años) y se publicaron un par de libros.

Ahora se han rescatado una novela y un breve texto de aires ensayísticos sobre el flamenco. La novela es Producciones Gracía S. A. (Castalia) y el ensayo Flamenco y cante jondo (Rey Lear, con una introducción biográfica de J. Goicoechea). Y ha aparecido, también, una biografía: Una arrolladora simpatía, de Juan Antonio Ríos Carratalá (Ariel).

Cuando se leen introducciones, prólogos, biografías de Edgar Neville, casi siempre se lee lo mismo, por lo que voy a evitar repetir aquí esos lugares más o menos comunes; échenle un ojo a cualquiera de los tres libros citados más arriba. También pueden entrar en la página web que ha colgado en la red uno de sus nietos, que lleva el mismo nombre del abuelo.

Yo lo que quiero es presentarles a un señor de esos que suelen caer bien, alegre, un tanto superficial, dotado para lo ingenioso y capaz de acertar con la belleza del arte en muchas ocasiones. Leyendo a Neville, uno suele reirse, suele disfrutar de frases e ideas elegantes, en las que siempre hay una notable apertura de mente y grandes dosis de amor por la libertad. Es capaz de escribir sobre un ateo al que se le presenta, de incógnito, Dios, que tiene mucho interés en conocerle, y es capaz de hacerlo sin que la historia parezca una moñez en ningún momento. ¿Tiene eso mérito o no?

Fue, Neville, aficionado al flamenco, de hecho rodó uno de los primeros documentales sobre esta música, Duende y misterio del flamenco. Y escribió artículos y estas breves reflexiones que aparecen en el mencionado libro de la editorial Rey Lear. No sé nada de este tipo de música, pero sí les puedo decir que lo que cuenta Neville está muy lejos del tocho erudito y muy cerca de una charla que podrías tener con un amigo entendido que intenta contarte de qué va aquello de las bulerías y la soleá, que destaca lo que te puede interesar y que evita, por encima de todo, ser pedante. Oye, y si consigue picarte un poco la curiosidad, pues muy bien; y si no, a otra cosa, que el mundo no se acaba.

La novela Producciones García S.A. habla de un productor de cine que quiere rodar una película y contrata a un director. Aquel quiere hacer una horterada en toda regla y éste intenta resistirse. Se trata de cine, pero la irónica visión que el autor presenta podría servir para hablar de un ricachón que quiere construir una horrible mansión en Marbella o similar.

Solo voy a utilizar uno de los lugares comunes a los que más arriba he aludido. De no haber mediado una Guerra Civil y una costrosa dictadura en España, Edgar Neville (que estuvo del lado golpista durante la guerra y que vivió en el país sin problemas durante el franquismo) disfrutaría ahora de un mayor reconocimiento, al menos de un menor olvido. Fue, aunque con matices, uno de esos a los que alude Andrés Trapiello en su ensayo Las armas y las letras, uno de los que "ganaron la guerra pero perdieron los manuales de literatura".

En cómo fue lo de pasarse al lado golpista en la guerra (pues Neville, diplomático, había servido hasta el último momento al gobierno legítimo republicano) se centra Una arrolladora simpatía, de Ríos Carratalá. Como tantos otros, el escritor hubo de presentar documentos y cartas y toda clase de testimonios que pudieran demostrar que era un adepto al nuevo régimen sin sombra de duda. El expediente que de todo eso surgió conforma una parte fundamental de este libro. Es verdad que era una zona en sombras de la vida de Neville y que aquí se aclaran muchas de ellas, pero no acaba de estar rematado, está torpemente escrito. Pero este es un problema de los profesores de Universidad españoles tan extendido y arraigado que no sé si merece la pena recordarlo.

Aunque estas Erratas están centradas en la literatura, creo que una de las mejores maneras de entrar en el universo creativo de Edgar Neville es una película, basada en una de sus obras de teatro (o al revés, pero no importa): La vida en un hilo, de 1945. Es una comedia que trata sobre lo diferente que podría haber sido una vida de haber tomado el primer taxi y no el segundo, por ejemplo, en un día de lluvia; una comedia que trata de lo pesadas que son esas personas conservadoras que no se contentan con vivir de una determinada manera sino que quieren que todos los demás vivan y piensen como ellos.

eaguirre@divertinajes.com
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