26 de marzo de 2007

También en la prensa, cómo no

¿Quién no ha guardado recortes de artículos leídos en un periódico o en una revista? A veces, sonroja un poco encontrar una carpeta por algún rincón de la casa en la que, tiempo atrás, metimos unos cuantos de estos recortes. "¿Pero cómo me pudo interesar esto?", nos preguntamos al releer.

En otras ocasiones, nos llevamos una alegría. Yo, de vez en cuando, recorto un artículo y lo meto en un libro, bien porque es del mismo autor y tiene alguna relación, bien porque habla de ese libro o del autor, aunque quien lo haya escrito sea otro. Al rebuscar en la librería y mover algún volumen, asoma, de repente, el recorte del que ya ni te acordabas, lo relees y te vuelve a gustar.

Me refiero, claro, a esos artículos llamados literarios, aunque con muchos de los de actualidad (política, relaciones internacionales, ciencia) puede pasar lo mismo.

En las páginas de las publicaciones periódicas siempre ha habido mucha literatura. ¿En qué asignatura, si no, se estudia a Larra en los colegios? Pues eso. Y como no podemos controlar todo lo que sale cada día, están muy bien los libros que recopilan estos textos, como Artículos literarios en la prensa (1975-2005), de cuya edición se han encargado Francisco Gutiérrez Carbajo y José Luis Martín Nogales (Cátedra).

La fecha de partida no es arbitraria, pues la Transición supuso, para la prensa española, un tremendo cambio. A la vez que la política invadía las páginas de los diarios, al tiempo que aparecían cada poco tiempo semanarios o mensuales de toda condición y orientación, un grupo de periodistas y de escritores asaltaban las columnas y tribunas de opinión para contar cosas: sus opiniones, sus experiencias, sus ideas. En este libro están ésos, y están los que fueron incorporándose durante los treinta años siguientes y los que ya habían debutado antes, en el oscuro Franquismo.

Es imposibble que gusten todos: los hay ampulosos, vacíos, aburridos, dogmáticos, superficiales, prescindibles. Pero también hay textos redondos y acertados, autores que manejan la concisión como si fueran un sable de esgrima. Más allá del estilo, ante los artículos suele primar la simpatía que te produzca el autor, la coincidencia con su punto de vista. Cuando llegas al final de una columna y piensas eso tan manido de "es lo que yo creía, pero no sabía explicarlo", ese articulista ha logrado su objetivo, y pasa más de lo que creemos.

A mí, lo reconozco, me cargan algunos articulistas presentes en esta antología: Manuel Vicent o Javier Marías, por predecibles y un tanto pedantes; Juan Luis Cebrián por sermoneador y torpe redactor; Antonio Muñoz Molina por aburrido; Juan Manuel de Prada por antipatía moral; Manuel Rivas por ese bonismo florido y extremo, Arturo Pérez Reverte por su incansable necesidad de demostrar que está de vuelta de todo... Me parece que están muy sobrevalorados Juan José Millás, J.J. Armas Marcelo, Enrique Vila-Matas o Alejandro Gándara. Nunca me han interesado nada Camilo José Cela o Elvira Lindo.

Pero siempre disfruto con Rafael Sánchez Ferlosio (aunque a veces no entiendo de qué habla), con Fernando Savater o Valentí Puig (a pesar de que en ocasiones no comparta sus puntos de vista ideológicos, con Javier Cercas o Quim Monzó (vale, quizá no sean unos fuera de serie, pero a mí me gustan).

En unos tiempos en los que algunos políticos (en España, que en el resto del mundo queda algo de sentido común y de responsabilidad) deciden, incomprensiblemente, que ya no atienden a según qué periódicos y otros a según qué televisiones (como si fueran vedettes o actores), es un aliciente seguir abriendo la prensa y leyendo a estos articulistas, a los que nos gustan y a los que no, que éstos últimos sorprenden de vez en cuando con alguna perlita.

eaguirre@divertinajes.com
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