19 de marzo de 2007

Lo peor es ser pesado

En Después de tantos años, el segundo documental sobre los hermanos Panero (el primero fue El desencanto), Leopoldo María y Michi caminan por un cementerio pasando revista a la familia que les queda: casi todos han muerto. Uno de ellos se acuerda de que está su hermano mayor, Juan Luis. El otro le contesta que no pueden contar con Juan Luis porque es lo peor que puede ser una persona: un pesado.

Es cierto, qué temibles son los pesados. Y entre los escritores, se da mucho eso de ser un brasas. Los hay cargantes en sus libros, otros son insoportables en sus declaraciones y actitudes públicas, los más son amazacotados en los artículos que publican en la prensa. ¿Por qué alguien capaz de contar bien (incluso muy bien) una historia, capaz de dar vida a unos personajes interesantes llega a creerse que sus opiniones sobre energía nuclear, cambio climático o globalización nos pueden interesar? Es un enigma que nunca descifraremos... pero que seguiremos sufriendo.

El último espeso ha sido el gran (sí, gran) Fernando Vallejo. El escritor colombiano (Medellín, 1942) es un excelente novelista, y por ahí pueden leer la pentalogía El río del tiempo, La Virgen de los sicarios, El desbarrabcadero, Mi hermano el alcalde... (todas en Alfaguara) para comprobarlo. Es un tipo polémico que ha escrito mucho en contra del Papa de Roma, que se sumó a una iniciativa de intelectuales colombianos que decidieron no volver a pisar suelo español mientras a sus conciudadanos se les exigiera visado para entrar en este rincón de la Unión Europea, que defiende a los animales con la vehemencia y convicción de Brigitte Bardot. Y es, insisto, uno de los grandes de la novela en español contemporánea. A mí, me gusta mucho. Y, ojo, respeto que le guste dar doctrina y perorar cuando tiene oportunidad (eso nos gusta a casi todos).

Pero cuando emites opiniones contundentes te expones a que dichas ideas no gusten o incluso molesten o que estén equivocadas, amén de correr el riesgo transformarte en un pesado de tomo y lomo.

Nuestra admirada y querida directora, Eva Orúe, quien carga en sus espaldas, junto a Sara Gutiérrez (también admirada y querida), con el peso de este Divertinajes, nos contó el otro día que Fernando Vallejo había escrito, en una revista llamada Soho, un airado texto en protesta por la presencia del rey de España en su ciudad con motivo de la celebración en aquel rincón de América Latina del Congreso de la Lengua.

El mosqueo de don Fernando viene de unas cacerías en Rumanía de don Juan Carlos de Borbón, inmorales a los ojos del novelista. Bien.

Pero el problema de Vallejo es que para aderezar su enfado acusa al Borbón de "corrupto", "bellaco", "borrachín", "zángano", "mujeriego".

Hombre, Vallejo, hay que ser un pelín cuidadoso. Tiene usted todo el derecho (quizá incluso la obligación) de estar en contra de una forma de gobierno como es la monarquí, y debe, si así lo considera, proclamar la buena nueva para que quienes no se hayan caído todavía de lo que usted considera un guindo lo hagan. Pero insultar es otra cosa.

"Borrachín" y "mujeriego" son dos cualidades en una persona que solo deben incumbir a ella y a su entorno cercano, salvo que lo de borrachín pueda influir en su actividad y por ello en terceras persona (pilotos de avión, médicos...), o salvo que estemos en uno de esos programas de televisión en los que los amores y desamores y celos y malestares varios y alegrías diversas y cualquier otra cosa son objeto de apasionado debate. Pero usted, Vallejo, no está en esa línea, no me fastidie.

Lo de "corrupto" es más grave. Porque si tiene usted el convencimiento y las evidencias debería denunciarlo o, al menos, hacerle llegar a alguien esas pruebas para que las ruedas de la justicia y de la historia se pusieran en marcha. Pero si no tiene pruebas... qué feo escribir así, a tontas y a locas.

Y a medida que escribe, el novelista se va calentando: "España es una vergüenza de la humanidad. Él [el rey] la representa a la perfección. España es eso: crueldad con los animales, cerrazón del alma, servilismo de lacayos. Hay que sacarla de la Unión Europea, rapidito, antes de que la pudra".

¡Madre mía! ¡Qué empanada mental (la expresión la ha usado mucho mi padre)! ¡Qué pesadez! ¿Por qué hay que ponerse tan envarado para decir cuatro obviedades y otras tantas bobadas?

Es cierto que en España hay mucho imbécil que se cree que torturar y matar a un animal es una tradición inquebrantable (y no hablo de los toros); es cierto que hay mucho obtuso con la cabeza muy mal orientada. Lo de los lacayos ya lo entiendo menos. Pero también hay unos cuantos devotos lectores de las novelas de Fernando Vallejo.

eaguirre@divertinajes.com
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