12 de marzo de 2007

En primera persona

La entrevista es un género la mar de difícil, aunque no lo parezca por el exceso de entrevistas que se leen, se escuchan y se ven en la prensa contemporánea. Ahora, solo se le pone un micrófono delante a un escritor, músico, político o lo que sea cuando éste tiene algo que vender.

Y eso está muy bien, pero el resultado es que apenas sacamos en claro dos o tres cositas, siempre de mucha actualidad y muy relacionadas con lo que se está vendiendo. Para que una entrevista sea buena no tiene ni que ser larga, ni que repasar la vida y obra del preguntado desde la infancia. No, para que una entrevista sea buena hace falta conocer bien al personaje (y su obra o actividad o problemas, si los hubiera) y ser capaz de no respetar el cuestionario que uno lleva preparado para poder irse por donde una respuesta abra un camino, para hablar de otras cosas que de lo evidente.

A mí no me gusta hacer entrevistas, aunque a veces sea difícil resistirse a la posibilidad que brindan de conocer a alguien a quien admiras o respetas... Pero sí me gusta leerlas.

La editorial Pre-Textos acaba de publicar una recopilación de veinticinco entrevistas que el pintor y escritor Ramón Gaya dio a diferentes periodistas y críticos y gente así entre 1977 y 1998. Para quien no conozca a Gaya, este libro le descubrirá sus opiniones, sus experiencias; quien sí lo conozca (sobre todo a través de sus diarios y ensayos sobre pintura; además de sus cuadros, por supuesto) tendrá la oportunidad de recordar, de matizar, de profundizar. Hay, claro, repeticiones (su desencanto de las vanguardias cuando llegó a París en los años veinte, por ejemplo), pero a medida que se avanza en la lectura, en orden cronológico, se pueden percibir diferencias en el tono, quizá en la intención, de algunas respuestas.

Lo de recoger entrevistas en un volumen está muy bien. Hace poco, ha aparecido Los logócratas (Siruela, con traducción de María Condor) donde se incluyen, entre otros textos suyos, dos largas entrevistas de George Steiner. El erudito, como siempre, dice cosas interesantes, relaciona, salta de una cuestión a otra. Como siempre que se trata de Steiner, se aprende mucho.

Hace ya unos años, cuando estaba estudiando, me compré Entrevista con la historia, un libro de pomposo título de la periodista italiana Oriana Fallaci que recogía conversaciones y encuentros con algunos de los protagonistas de la política mundial de los años sesenta y setenta: Kissinger, Hussein de Jordania, Golda Meir, Arafat, Carrillo, Hailé Selassié, el Sha de Persia... Aprendí mucho de las más o menos recientes relaciones internacionales y de cómo se enfrenta un periodista a una de estas grandes entrevistas (aunque la verdad, nunca he podido aplicar el método Fallaci cuando he ido a plantear mis preguntas a un escritor que acababa de ganar un premio o a una cantante que iba a actuar en aquellos días).

También tengo un grato recuerdo de la lectura de Conversaciones con António Lobo Antunes, de María Luisa Blanco (Siruela). Me gusta el novelista portugués y, aunque conocía bastante de su vida antes de meterme en estas entrevistas, mucho de lo que allí decía don António resulta revelador y útil para entender mejor su escritura.

Otro libro de entrevistas muy notable es Conversaciones con Josep Pla, de Joaquín Soler Serrano (estaba en Destino, pero me temo que ya no es de fácil localización; como ocurre con el de Oriana Fallaci citado más arriba). Y otro que me encantó cuando lo descubrí fue Conversaciones con Kafka, de Gustav Janouch (Destino, con traducción de Rosa Sala; este sí se encuentra con facilidad). El padre de Janouch era compañero de trabajo de Kafka y éste conoció al joven (muy interesado por los libros) y mantuvo con él charlas que Janouch anotó en sus cuadernos. Pasados los años, aquellas notas de un chaval impresionado por un adulto que escribía y que le hablaba de tantas cosas adquirieron un valor tremendo. Es un gran libro.

eaguirre@divertinajes.com
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