19 de febrero de 2007

El mal

Cuando, allá por septiembre, empezó el curso literario, en Francia se volvieron locos con una novela inmensa (900 páginas) titulada Les Bienveillantes (algo así como Las benevolentes), de un autor debutante (de 39 años) llamado Jonathan Littell (Gallimard: RBA la publicará en español, esperemos que en breve). El novelón es algo así como las memorias de un oficial de las SS presente en la campaña oriental.

Los críticos franceses han hablado de la frialdad con la que un verdugo cuenta sus experiencias, han destacado el acercamiento a los malos, a los nazis, una novedad para la mayoría de lectores, acostumbrados, desde el final de la Segunda Guerra Mundial (al igual que los espectadores de cine), a ver siempre a los nazis como personajes secundarios, malos siempre, pero secundarios. Ahora, un representante del mal es el personaje principal. Leeremos Les Bienveillantes y ya les contaremos a ustedes.

Esto viene a cuento porque en España se ha publicado, a principios de 2007, una novela llamada La ofensa (Seix Barral), de un autor de 36 años que responde al nombre de Ricardo Menéndez Salmón (asturiano de Gijón). Y la historia (140 páginas) tiene como protagonista a un joven alemán que es llamado a filas y cuenta cómo reacciona éste cuando se enfrenta, cara a cara, con el mal que representa y encarna el espíritu del ejército de su país.

Me gustan estas coincidencias. Un tipo en Francia, al que se le ocurre ponerse a escribir sobre un nazi; otro, en Asturias, que se pone a jugar con una soldado alemán.

La ofensa es un gran libro. Es intenso, en todo momento va a lo esencial. Tiene alma de relato, pero efecto de novela; no sé si me entienden: cuando sales de su lectura, lo haces con la sensación de haber convivido un buen periodo de tiempo con Kurt (es el nombre del soldado).

Ricardo Menéndez Salmón ya había publicado teatro, relatos y alguna novela, hasta ahora en editoriales regionales. Tiene pinta de que oiremos hablar de él más de ahora en adelante.

En España, se habla mucho últimamente de memoria histórica, entendiendo por esto la necesidad de volver la vista atrás (en nuestro caso, a la Guerra Civil de 1936-39). Se habla de que están siendo los nietos de quienes sufrieron aquel horror los que se han librado de trabas y tabúes y quieren remover todo aquello para que se cuente la historia como es debido, poniendo a los verdugos en su sitio y a las víctimas en el suyo, e intentado acabar con visiones revisionistas mentirosas.

Algo similar ocurre, al parecer, con el nazismo. Por lo que sé, ni Littell ni Menéndez Salmón son nietos de nazis, pero no hacen falta lazos de sangre para sentirse afectado, intrigado y comprometido con una de las etapas más siniestras y poco comprensibles de la historia de Europa.

 

eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir