29 de enero de 2007

Dead Man Walking

Hay un expresión que dice algo así como "hombre muerto caminando" ("dead man walking"), que se utiliza en Estados Unidos cuando los condenados a muerte recorren los últimos metros que les separan del patíbulo o la cámara de gas o la silla eléctrica o la horca, o como narices se siga matando a la gente por el mundo.

La verdad es que no somos más que eso desde que nacemos, seres que recorren el camino haca la muerte. Supongo que de ahí viene el interés por los últimos tramos de ese camino, un tramo que tan bien representa la enfermedad. Hace poco, consignábamos aquí la última novela de Philip Roth, Elegía, un texto sobre la vida de un hombre contada desde el punto de vista de sus dolencias. Ahora, le toca el turno a La enfermedad (el título no oculta nada, la verdad), del venezolano Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960), último Premio Herralde de Novela (Anagrama).

Por un lado, un médico se enfrenta a la enfermedad terminal de su padre y a cómo decírselo. Por otro, un paciente solo encuentra alivio de sus males cuando puede comunicárselos al especialista con quien cree tener una relación especial.

Sabemos desde muy pronto en la vida que habremos de toparnos, tarde o temprano, con la muerte de familiares y amigos; sabemos, que si las cosas funcionan como deberían, serán los abuelos, los padres, los hermanos mayores los primeros en caer; sabemos, enfín, que nos llegará el día, como quien cumple una condena. Lo aprendemos porque es así; lo vivimos a nuestro alrededor; tenemos posibilidades de verlo en otros.

Pues no sirve de nada. Como muestra esta novela, ni un profesional de la vida y la muerte como es un médico está suficientemente preparado para encarar de manera cabal y sin titubeos la muerte.

No es La enfermedad un libro oscuro, al contrario, es, como toda novela, una crónica de la vida. Es, además, una historia sobre las relaciones entre padres e hijos, y sobre la familia.

Decía, cuando escribí de Elegía, de Roth, que mi amigo JC nunca la leería, por el tema... Pues esta sí que podría leerla, a pesar del título.

eaguirre@divertinajes.com
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