15 de enero de 2007

Dos aproximaciones al poeta Felipe Benítez Reyes

Las novelas El novio del mundo (Tusquets, 1998) y El pensamiento de los monstruos (Tusquets, 2002), el poemario Escaparate de venenos (Tusquets, 2000) y los artículos Gente del siglo (Nobel, 1996) fueron los libros que a mí me aproximaron a Felipe Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960), el ganador del Premio Nadal 2007, ese premio que tanta gente dice que es uno de los últimos que tienen aún prestigio literario (si lo dicen...) y mediante el cual este poeta y novelista tiene (al menos durante unos meses) la posibilidad de pasar a formar parte de los escritores que suenan a más posibles compradores de libros.

Estos títulos citados están bien y a mí al menos me motivan para meterle mano a la novela ganadora del Nadal, cuando llegue a las tiendas, que será en unas tres semanas, más o menos. Pero hay un par de curiosidades de Benítez Reyes que no puedo resistirme a contar, que quizá a ustedes les sirvan para acercarse a él.

1. Benítez Reyes tiene más libros publicados que los arriba mencionados, es un colaborador habitual de algunas revistas, entre ellas Clarín. Y fue en ésta donde (en el número 13, el de enero-febrero de 1998), escribió una de las críticas más divertidas y con más mala leche de los últimos años. Se trataba de un libro de recopilación de artículos del crítico literario Juan Ángel Juristo, titulado Ni mirto ni laurel.

Para empezar, Felipe Benítez Reyes titulaba su texto "Ni Laurel ni Hardy", lo que no era sino el anuncio de una serie de bofetadas realmente ingeniosas. Aquí va una selección:

"... el crítico Juan Ángel Juristo, trasunto literario de los atletas paraolímpicos: un ser gramaticalmente discapacitado...".

"... un tino infalible para poner las comas en los lugares más insólitos...".

"Para descifrar una reseña de Juristo haría falta, en fin, el concurso de una médium de largas pestañas o de un egiptólogo".

"Quienes sean partidarios no sólo de las emociones fuertes, sino también de las conmociones intelectuales que no se pierdan, en fin, Ni mirto ni laurel, duele bastante la cabeza, pero merece la pena".

2. Ella había nacido en Rota, en la Calle Fulado de Tal, número cual (no recuerdo el nombre y tampoco importa mucho). Vamos, que había nacido en casa, en una época en la que ya casi nadie lo hacía. Por eso, le gustaba recordar que había nacido en la Calle Fulado de Tal, número cual.

Aunque ya no vivía allí, sí que visitaba la ciudad con cierta regularidad, pues tenía familia. No era raro que se desviara en un paseo o un recado para pasar por la Calle Fulado de Tal, número cual.

Hasta que un día, no hace tanto tiempo, se dio cuenta de que el número cual había cambiado, y aquel portal era ahora Fulado de Tal, número cualmásdos. No le gustó, le habían cambiado el lugar de su nacimiento...

La razón era sencilla. En Rota había una calle nueva, la Calle del Poeta Felipe Benítez Reyes. Pero no era en realidad una calle sino un trozo de calle, un trozo de la Calle Fulano de Tal, que al perder una parte quedó con la numeración de sus edificios trastocada.

Además, a ella, buena lectora, nunca le había hecho mucha gracia Benítez Reyes.

 

eaguirre@divertinajes.com
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