8 de enero de 2007

Un escritor de Cáceres

A veces un escritor, para un lector, es como un autobús, que ha salido desde su primera parada, al que uno se sube en cualquier calle; bueno, no en cualquiera, en la calle por la que pasabas y necesitabas subirte al autobús. Luego, no cuesta tanto volver atrás y conocer paradas anteriores y, si te gustan, frecuentar ésa línea de ahí en adelante.

Pues yo me he subido a Julián Rodríguez en su cuarta parada literaria, llamada Ninguna necesidad (Mondadori). Es una novela corta, compuesta por una serie de imágenes que al lector se le plantan delante como flashes que él va colocando y ordenando para meterse del todo en la historia. Tiene algo de novela de carretera, entre España y Portugal, en la que el pasado y la familia van acompañando al narrador.

Desde luego, es uno de los libros que me han parecido más nuevos, diferentes, de cuanto he leído en los últimos tiempos. Por eso, busqué otra de sus obras y me encontré con una de llamativo título, Unas vacaciones en la miseria de los demás (Caballo de Troya). Busqué ésta primero y no la novela Lo improbable (Debate, 2001) o los relatos La sombra y la penumbra (Debate, 2004) porque leí (en la información de la solapa de Ninguna necesidad) que Unas vacaciones baratas... era un libro autobiográfico y me apetecía saber más de Rodríguez, nacido en Ceclavín, un pueblo de Cáceres, en 1968 (esto también es de la solapa). Bueno, también supe que es el editor de Periférica, una reciente y pequeña editorial, de algunos de cuyos títulos hemos hablado en esta Errata (La pelirroja, de Fialho de Almeida, o Torquemada en la hoguera, de Benito Pérez Galdós).

Pues Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás tiene forma de diario y sí, es autobiográfico. El autor habla mucho de arte contemporáneo (en especial de fotografía, de la que es, se ve, un experto), se refiere a la familia, a su pasado; y hay mujeres y algún relato que no sabemos muy bien si es real o se lo inventa (qué más da). Tiene también esa estructura fragmentada de la novela de la que ya hemos hablado. El uso de la primera persona en la narración también establece puentes entre ambos libros, que yo leí muy seguidos y cuyas atmósferas han quedado en mi recuerdo como similares. A lo mejor es una alucinación lectora mía...

Y un cotilleo: Julián habla en Unas vacaciones baratas... de su hermano Javier, periodista de cultura en El País. Javier Rodríguez, Javier Rodríguez... Un vistazo a la ficha del libro y descubrimos que Julián se apellida Rodríguez Marcos, y que, efectivamente, hay un Javier Rodríguez Marcos en Babelia. Pues este Javier es uno de esos periodistas buenos, un tipo que ha hecho algunas estupendas entrevistas y muy interesantes reseñas; y además es poeta.

 

eaguirre@divertinajes.com
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