18 de diciembre de 2006

Un continente, unas lecturas

No voy a decirles nada de Mario Vargas Llosa que ustedes no sepan. El novelista peruano es autor de algunas de las grandísimas obras narrativas del siglo XX, por supuesto latinoamericano, pero también mundial. Es, además, un auténtico escribidor profesional, capaz de expresarse en artículos de prensa con una precisión y con una eficacia poco comunes (otra cosa es que siempre se esté o no de acuerdo con el fondo de lo que dice).

Este Diccionario del amante de América Latina (Paidós) tiene toda la pinta de ser un encargo. Se publicó en 2005 en Francia (Plon) y es un repaso por personajes, lugares y conceptos que, parece, conforman para Vargas Llosa una especie de atlas latinoamericano cultural, sentimental.

No sé por qué razón, a pesar de la diversidad enorme, de las diferencias profundas y de las distancias físicas y emocionales, América Latina es más que el nombre de un continente. América Latina es la denominación de un espacio cultural formado por multitud de elementos variados (guerras, novelas, dictaduras, conquistas, muertes, libertades, ciudades, animales, costumbres, versos, músicas, emperadores, derrotas, arqueología, inmigraciones, naturaleza, fútbol, emigraciones, cine, pobreza, guerrillas, drogas, indígenas...) que no podemos dejar de percibir como algo que tiene un alma común.

Escribe Mario Vargas Llosa: "Yo descubrí América Latina en París, en los años sesenta. Hasta entonces había sido un joven peruano que, además de leer a los escritores de mi propio país, leía casi exclusivamente a escritores norteamericanos y europeos, sobre todo franceses". Dice más adelante que jamás pensó en América Latina "como una comunidad cultural, sino más bien como un archipiélago de países muy poco relacionados entre sí".

Ciro Alegría abre este diccionario (no voy a reproducir todas las entradas ni a citar las evidentes, estilo Borges), y está Néstor Almendros, los Andes, Carmen Balcells, Chabuca Granda, los cuentos, Lezama Lima, Mariátegui, París, Rayuela, Alfonso Reyes, Roa Bastos, Salazar Bondy, la utopía, César Vallejo...

Disculpen el atrevimiento, pero he hecho un lista con algunos de los nombres que yo incluiría en mi diccionario latinoamericano (solo en la parte dedicada a las lecturas), con las obras que me han ayudado a hacerme una idea propia de aquel continente:

César Aira (casi toda su obra), Jorge Amado (sus diarios), Reinaldo Arenas (su autobiografía Antes que anochezca), Juan José Arreola (toda-toda-toda su obra), Mariano Azuela (Los de abajo), Adolfo Bioy Casares (sus memorias), Isidoro Blaisten (todos sus relatos), Antonio Caballero (Sin remedio), Gonzalo Celorio (Y retiemble en sus centros la tierra); Alonso Cueto (La hora azul), sor Juana Inés de la Cruz (todo), Esteban Echeverría (El matadero), Catalina de Erauso (Historia de la Monja Alférez escrita por ella misma), Rosario Ferré (La casa de la laguna), Rómulo Gallegos (Doña Bárbara), Jorge Ibargüengoitia (Los relámpagos de agosto), Darío Jaramillo (sus versos, sus prosas), Álvaro Mutis (Maqroll, claro), Ricardo Palma (sus Tradiciones), Octavio Paz (El laberinto de la soledad y Las trampas de la fe), Sergio Pitol (casi todo), Javier Ponce Gambirazio (Un trámite difícil y Una vida distinta), Elena Poniatowska (La noche de Tlatelolco), Gonzalo Rojas (todos y cada uno de sus versos), Ernesto Sábato (sus memorias, Antes del fin), Julio Scherer (Los presidentes), Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios), Horacio Vázquez Rial (Frontera sur), Xavier Velasco (Diablo guardián).

 

eaguirre@divertinajes.com
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