27 de noviembre de 2006

Crónicas de un pueblo

Se llama Pepe Colubi, es asturiano y debe rondar los 40 años (no debe rondar, los tiene seguro, pero como a veces da muestras en sus escritos de cierto complejo, sano eso sí, de Peter Pan, ¡y quién no!, dejemos la cosa un poco en el aire).

Me atrevo a titular esta entrega Crónicas de un pueblo, porque tras haberle leído mucho, estoy seguro de que no le molestará la referencia a aquella serie de televisión, tan à la franquiste (cuando quienes eramos niños la veíamos no caímos, al menos yo, en aquella connotación nacional católica). Colubi es periodista y ha escrito unos cuantos libros en los que ha hecho (no sé si queriendo o no) la crónica de una generación, de un tiempo y de un pueblo (que a veces es Oviedo, otras Madrid, y otras quién sabe).

Lo último que el mozo ha publicado se titula Diario disperso (Editorial Laria) y es la recopilación de unas columnas aparecidas en el periódico ovetense La Nueva España, durante los veranos de 2004 y 2005, con un añadido (con momentos brillantes) sobre la última boda real española.

Vamos con el libro: sentido del humor, percepción particular e inteligente de la realidad (pero una inteligencia que no te deja fuera, si no que, al contrario, te permite un grado de identificación notable), perplejidad ante lo que deja perpelejo y mala leche ante lo que cabrea y ternura ante lo que la requiere (que sin ciertos sentimientos, buenos, vamos un poco de cráneo). Un día de playa, ése bar que ha cumplido 20 años (y él que los ha vivido, uno a uno), las meriendas de Nocilla, la música, la gente, las calles...

Este Colubi publicó en 1999, uno de los mejores libros sobre la televisión que se han hecho en español: ni teorías, ni memorias, ni cotilleos. Él se limitó a contar la vida de un televidente (un poquito más adicto que la media) que se ha sentado horas y horas ante la pantalla durante los años setenta, ochenta y noventa. Cómo si no alguien sería capaz de escribir un destacable relato a propósito de la teletienda. La tele que me parió (Alba) se llama el libro. Ya antes había debutado con El ritmo de las tribus (Alba), también notable.

En 2005, se metió en eso que se denomima el corazón o el ambiente periodístico dedicado a contar las miserias de gente famosa: Planeta rosa (El Jueves). Y de nuevo lo hizo con un humor impecable, con sagacidad y con una capacidad de distanciarse envidiable.

¿Ha quedado claro a estas alturas que me gusta lo que escribe este hombre? Pues sí, me he devorado, en cada ocasión, estos libros, me he reído y he recordado: debemos de tener la misma edad y hay experiencias y situaciones y ejemplos que me los podría aplicar. Quizá me estoy volviendo un poco moña con la edad, pero esas cosas, ahora, me gustan.

Entre tanto articulista lírico o ideológicamente torcido o, sencillamente, idiota, encontrar a escritores de prensa con los que pasas un buen rato es una suerte. Colubi es uno de ellos (y no me llevo porcentaje, no se vayan a creer).

Hace un tiempo, en uno de esos actos en los que la gente habla más de la cuenta, alguien dijo que Pepe Colubi tenía una novela que se había movido por alguna editorial. Desde entonces, espero ese libro con verdaderas ganas. Quizá me equivoque, pero malo no será. Digo yo.

 

eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir