9 de octubre de 2006

A todo el mundo le gusta Caballero Bonald

"Ventana borrascosa abierta al borde / de las ruinas, /ven y asómate, hermano, / ¿no ves en esta trama / preconcebida de la iniquidad / como un tajo feroz mutilando el futuro? / Y allí mismo, detrás de la estrategia / irrevocable del terror, ¿no escuchas / el sanguinario paso de la secta, / la marca repulsiva / del investido de poderes, / sus rapiñas, sus mañas, sus patrañas? / Atroz historia venidera, / ¿en qué manos estamos, cuántas trampas / tendrá que urdir la vida para seguir viviendo?". ("Terror preventivo", en Manual de infractores. Seix Barral, 2005)

En esta Errata, también nos gusta José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926). Cuando se publicó su poesía completa, ya le trajimos aquí, y ahora, cuando aquella poesía ya dejó de ser completa (se publicó hace un año Manual de infractores) y cuando le han dado el Premio Nacional de Poesía (por este último libro), volvemos a traerle.

El poema reproducido arriba habla de la confabulación mentirosa que desembocó en la invasión de Irak, pero también habla de las confabulaciones del poder para amargar la vida a sus súbditos a lo largo de toda la historia. Caballero Bonald escribió su, por ahora, último poemario enfadado por lo que pasaba en el mundo. Hay que ser un buen poeta para que el resultado de un cabreo semejante no sea una cosa entre demagógica y facilona.

Hay un libro de Caballero Bonald que me gusta mucho (además de sus impecables memorias, de su poesía y de sus novelas: conviene pasarse por cualquiera de ellas en algún momento; y no nos olvidemos de su labor como rescatador de cantes y cantaores flamencos, cuyo resultado son cuatro cedés titulados Medio siglo de cante flamenco), pues eso, que hay un libro que me gusta que es el Breviario del vino (lo ha reeditado Seix Barral).

"A mis compañeros de promoción literaria, que han bebido lo suyo", reza la dedicatoria.

Su "promoción" es la llamada Generación del 50, integrada por unos tipos (y tipas) que, además de escribir mucho y con una buena nota media, alardearon siempre de habérselo bebido casi todo. No es raro que los escritores (y los no escritores) beban, pero ellos lo utilizaron como seña de identidad, al igual que hicieron, por ejemplo, los de la generación Beat con las drogas.

Así, Breviario del vino es la muestra de un interés, de una curiosidad, de un deseo de compartir y de explicar (como le pasó con el flamenco). No es un texto que haya removido los cimientos de la industria y la literatura vinícolas, pero se lee con placer y se aprende.

Tengo por aquí una botella de Santa Rosa (reserva 2001) de Enrique Mendoza... Creo que es un buen momento para abrirla... Tengo entendido que te puede teñir los dientes... Será si bebes mucho...

 

eaguirre@divertinajes.com
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