11 de septiembre de 2006

Orígenes

La reciente guerra en el Líbano; la ocupación de tierras de los palestinos a pesar de las condenas internacionales; el fanatismo religioso; una sociedad en la que el derecho a la defensa se torna en ausencia de respeto de los derechos del Otro; un Estado rodeado de países que lo desprecian, cuando no lo odian; una historia larga de persecución y sufrimiento que desemboca en una visión casi paranoica del mundo; una democracia con una sociedad mucho más plural y rica de lo que conocemos por la prensa que cuenta, sobre todo, sus conflictos. La verdad es que no es fácil entender Israel.

Todas estas cuestiones me han llevado a leer un libro de Amos Oz (Jerusalén, 1939), uno de los grandes literatos israelíes contemporáneos, publicado en España hace un par de años (Siruela, con traducción de Raquel García Lozano). Se trata de Una historia de amor y oscuridad, el relato de su infancia y primera adolescencia y la narración de la vida de sus padres y de los padres de éstos. La familia de Oz, tanto la rama paterna como la materna, proceden de Rusia, y llegan a Palestina durante la ocupación británica. Su padre (y también su madre, aunque esta se nos presenta más en su faceta humana, como una persona difícil) es un intelectual, de familia intelectual, comprometido con la causa judía, con la idea y el deseo de volver a tener una tierra donde una vez, en tiempos bíblicos, vivieron los judíos.

Amos es un niño que juega a los soldaditos con pinzas de la ropa y que se tiene por un gran estratega que sería capaz de derrotar al ejército británico ocupante. El libro es denso, a veces cuesta mantener el ritmo de lectura, pero es una gran obra en torno a la necesidad de la memoria, al compromiso con unos orígenes.

Descubrimos cómo pensaron muchos hebreos desde el siglo XIX, cómo fue la salida de miles y miles de ellos de una Europa en la que se les persiguió: no solo los nazis sino los lituanos, los rusos... Asistimos a la ruptura de la convivencia de judios y árabes (hasta hoy). Vemos cómo un adolescente, el futuro escritor, decide marchar a vivir a un kibbutz, ante la mirada escandalizada de su familia, burgueses liberales que no comparten la ideología socialista de esas organizaciones de trabajo y convivencia. Aprendemos que no todos los judíos querían el mismomodelos de Estado y que no compratían las maneras para logralo.

Desde México, Margo Glantz (Ciudad de México, 1930) también buscó sus orígenes, también judíos y también procedentes de Rusia. La historia que se cuenta en Las genealogías (Pre-Textos) tiene otro tono y otra intención, aunque es fruto de una experiencia similar a la de la familia de Amos Oz. Glantz habla con sus padres y lo va consignando en los capítulos de este libro. Huyeron de Rusia a causa de la persecución antisemita y, por una serie de casualidades, terminaron asentándose en México. En aquel país, además de mantener sus raíces judías, así como una actividad política e intelectual (el padre fue un poeta en lengua yiddish bien considerado), se van integrando. Margo, por ejemplo, se convirtió al catolicismo durante su juventud.

Las Genealogías es una obra más ligera, pues se centra en las relaciones familiares más normales y no en el destino de una tierra a través de los antecesores, como ocurre en el caso de Oz. Lo judío tiene la importancia de la referencia concreta a unos orígenes, pero no es el eje alrededor del cual giran las vidas, las actividades y las metas de los miembros de la familia Glantz.

Es verdad, tras estas lecturas no se despejan del todo las dudas respecto a los problemas del Estado de Israel y sus vecinos, pero sí que acercan a los mecanismos mentales que funcionan cuando se pertenece a una civilización, una cultura, una religión del peso histórico y de la tradición de la hebrea .

 

eaguirre@divertinajes.com
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