24 de julio de 2006

El hermano

Hay un estupendo escritor mallorquín llamado Lorenzo Villalonga (1897-1980). Escribió en catalán, desde los años treinta. Escribió, entre otras, dos novelas de esas fundamentales, Bearn y La muerte de una dama. Pues bien, intenten comprar uno de sus libros... Me lo contaba el otro día JC, cuando hablábamos del hermano de Lorenzo, Miguel.

Pocas librerías (quizá en Mallorca sea diferente) tienen títulos de Lorenzo Villalonga en sus anaqueles. Hay disponible una edición de Bearn en Cátedra, pero como no la encargues... Y en Pre-Textos está Diario de guerra. Y poco más (en catalán es otra cosa). Da un poquito de vergüenza.

Como ya hemos dicho, Lorenzo tuvo un hermano (tuvo varios, pero uno también escribió). Acabo de leer su Autobiografía, publicada por Viamonte, con un prólogo de otro mallorquín, José Carlos Llop.

Miguel Villalonga nació en Palma de Mallorca, en 1899, y murió en Buñola (también en la isla), en 1946. Fue militar: estuvo en la guerra de Marruecos y, brevemente, en la Guerra Civil, del lado de los sublevados nacionalistas. Enfermó en el frente y murió joven (47 años).

Escribió poco más que esta Autobiografía: algo en la prensa y una novela titulada Miss Giacomini. En muchas referencias que ehe encontrado, se habla de escritor homosexual: es verdad que en estas memorias no hay referencia amorosa o sensual a las mujeres; aunque tampoco insinuación alguna de su sexualidad. Pero como siempre, poco importa.

Estas páginas son una crónica de la adaptación al siglo XX de una clase social de tintes aristocráticos y de modos mucho más aristocráticos todavía. No es tanto la decadencia de una familia y de sus iguales (aunque también hay algo de eso), sino el proceso de cambio de un mundo en el cual el Antiguo Régimen (ya saben, antes de la Revolución francesa y de esas cabecitas cortadas por aquí y por allá) era una referencia válida, a otro... al menos diferente; cada vez está menos claro que sea un mundo más civilizado, moderno o libre.

Hay un ejemplo muy bueno en el libro: para una de las tías de Villalonga, una señora de las que se agarraban con uñas y dientes a sus valores, uno de los mayores problemas de este cambio se le planteó cuando recibió la visita de unos Borbones y no había en la casa nadie (del servicio, se entiende) que pudiera abrir la puerta salvo ella (impensable desde todo punto de vista): le supuso el anuncio de un apocalipsis social... Lo resolvió: ya leerán ustedes cómo cuando se metan en este libro.

Llop, en su prólogo, hace referencia a El Gatopardo, de Lampedusa, a Retorno a Brideshead, de Waugh, lo que da una idea de por dónde van los tiros. Por cierto, de José Carlos Llop hablaremos este otoño, cuando saque un nuevo tomo de sus diarios. Un tipo interesante.

 

eaguirre@divertinajes.com
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