3 de julio de 2006

Para qué hacerlo largo

Ninguno de ustedes, estoy seguro, necesita que les diga quién es Anton Chéjov, ni quién es Natalia Ginzburg. Pero sí me van a permitir que les diga que si juntan ambos nombres, el cóctel resultante es una deliciosa y didáctica lectura.

La editorial Acantilado ha publicado un librito (80 páginas en tamaño de volumen de bolsillo, traducido por Celia Filipetto) de la escritora italiana (1916-1991) sobre el narrador ruso (1860-1904). Es una biografía y un juicio sobre su obra. Es una lectura fácil, rápida, en la que se aprende mucho sobre Chéjov. Es aconsejable tener una edición de sus relatos y algunas obras de teatro suyas a mano, porque a medida que se avanza, lo que más apetece es meterte (o volver a meterte) en esa literatura

Abuelos que fueron siervos de la gleba. Mal alumno. A los 19 años se convirtió en cabeza de familia. Los primeros nueve cuentos se los publicaron en 1880, a 5 kopecks la línea. A veces le pagaban con entradas de teatro. "Tenía una forma extraordinaria de introducirse en una historia, una forma brusca y ligera, fulminante e imperiosa, como si de pronto alguien abriera de par en par una puerta o una ventana". "La medicina era su legítima esposa y la literatura, su amante". Un crítico dijo de sus cuentos: "El delirio de un demente". En sus obras "nunca aparecen la felicidad en los matrimonios ni la armonía familiar". "De Tolstoi, Chéjov solía decir que cuando hablaba con él caía totalmente en su poder". En el estreno de La gaviota, la gente se reía donde no debía, fue un desastre; tres días después, resultó un éxito. Le diagnosticaron una tuberculosis grave. El zar no dejó que nombraran a Gorki académico y Chéjov, que sí lo era, dimitió. Se bebió una copa de champán justo antes de morir.

Es un resumen posible, mi resumen de la vida de Chéjov. Hay muchos otros posibles en este breve libro de la Ginzburg. Hagan los suyos...

 

eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir