26 de junio de 2006

Saber ver; saber contar

Parece una característica ineludible de la democracia, pero no deja de ser llamativo que en cada concentración de ciudadanos que protestan por algo o que reivindican cualquier cosa, una de las quejas que siempre está presente (ya sean antiglobalizadores, fascistas o integristas religiosos de cualquier signo) es contra la prensa y los periodistas. Y resulta llamativo por dos lados.

Si tú eres un católico convencido que se manifiesta contra, pongamos, la aprobación de los matrimonios entre homosexuales, y hay un periódico o una televisión cuyas informaciones crees que tienen un sesgo ideológico contrario al tuyo, pues no tienes más que comprar otro diario o ver los programas de otra cadena, pues en los países occidentales la oferta de prensa es amplísima, o también puedes escribir cartas al director del periódico en cuestión o decir a tus amigos que eso es un panfleto y que no lo compren... Otra cosa es que un medio dé publicidad a una información que atente contra las leyes; entonces tu deber es denunciarlo.

Si no hay nada ilegal, no hay espectáculo más deprimente que ver a los miembros de un partido político (lo vimos en España hace unos meses: eran nacionalistas y, presuntamente, de izquierdas) encadenarse a la puerta de una emisora de radio (ultramegaconservadora) para exigir su cierre. ¿A quién se le ocurre? Pon música en lugar de escuchar sus noticias, idiota.

Por otro lado, cuando veo imágenes de un energúmeno gritándole a una cámara o a un redactor, no puedo dejar de pensar en cómo creerá ese tipo que se ha formado una opinión para protestar o exaltar ideas, partidos, decisiones o creencias. Pues leyendo periódicos y revistas, escuchando la radio, viendo la televisión o consultando Internet.

Hace falta, de vez en cuando, romper una lanza en favor de prensa, y la mejor manera, es leer textos periodísticos del pasado, para poder juzgar con cierta distancia, y hay un libro de reciente publicación que nos viene al pelo: Gentes del siglo, de Indro Montanelli (Espasa, con la traducción de Domingo Pruna y la selección y el prólogo de Arcadi Espada).

Hace un tiempo se publicaron en España un suerte de memorias de Montanelli, de las que dimos cuenta en una Errata. Nació en la Toscana, en 1909, y murió en Milán, en 2001; fue corresponsal en guerras (entre ellas la española), reportero, entrevistador y desde muy joven dirigió periódicos, como el famoso Corriere della Sera. Al final de su vida tuvo un serio enfrentamiento con Silvio Berlusconni, que le llevó a dimitir de su puesto y fundar un nuevo diario. Vamos, que le gustaba esto del periodismo.

Este Gentes del siglo es una recopilación de retratos escritos a lo largo de su vida. Aquí nos encontramos ante una faceta del periodismo poco habitual en la actualidad (aunque parezca mentira): el reportero va, ve, habla con quien sea menester y lo cuenta. Da igual que se trate de narrar una estancia en un pueblo español durante 1939, en plena guerra, o de explicar a sus lectores italianos quién era Ortega y Gasset y cuál su visión de la mencionada guerra.

Destacan los perfiles de personajes a los que Montanelli trató: Gassman; Golda Meir; Fleming; Cocteau; Buzatti; Dalí; la Magnani; De la Rovere; Montale; Agnelli...

Ahora, después de reivindicar la utilidad de la prensa, ¿no deberían los periodistas ponerse las pilas y escribir cosas que vayan más allá de consignar declaraciones de todo tipo y de hacerse eco de promociones de toda clase? A lo mejor, así los protestones tendrían que empezar a dejar de serlo. Modelos a imitar no faltan.

eaguirre@divertinajes.com
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