5 de junio de 2006

¡Paparruchas! ¡Bobadas! ¡Camelos!

En apenas ochenta páginas, en un librito de pequeño tamaño (ideal para llevar encima durante una temporada), un filósofo estadounidense, Harry G. Frankfurt (Pennsylvania, 1929), profesor emérito de la Universidad de Princeton, ha publicado un texto que puede ser una explicación del ambiente generalizado de camelo, de disparates, de boludez, de paparruchas, de bobadas, de pendejadas que nos rodea.

El libro se titula On Bullshit. Sobre la manipulación de la verdad (Paidós, con la traducción de Miguel Candel). El término bullshit tiene difícil traslación al español, no hay una palabra que abarque la variedad de significados que tiene en inglés; en esta versión han optado por charlatanería, que no está nada mal, pero valen también los que hemos utilizado en el primer párrafo.

Bullshit no es una mentira, es más bien una manipulación de elementos de la verdad, siempre con un fin. Lo podemos comprender bien ustedes y yo, que leemos habitualmente las columnas de opinión de la prensa, escuchamos las tertulias radiofónicas, contemplamos los debates televisivos o, simplemente, padecemos conversaciones banales con gente que no nos merece consideración intelectual o moral alguna, lo podemos comprender bien, decía, cuando Frankfurt expone que se trata de hablar sin saber de qué se está hablando, de opinar de cuestiones que excenden los conocimientos de quien opina; "habitual en la vida pública", asegura. Y tanto.

El bullshit no es una mentira, pues para mentir, sigo al autor, hay que mantener alguna relación, por retorcida que sea, con la verdad. A quien incurre en el bullshit no le importa lo más mínimo mezclar verdades con mentiras, con exageraciones, con inexactitudes o con elementos que nada tienen que ver con lo que expone. No sé, pero me vienen a la cabeza los nombres de algún portavoz parlamentario español, de algún director de periódico madrileño... Disculpen, disculpen.

El librito On Bullshit ha sido un auténtico bestseller en su país de origen, Estados Unidos. No lo he dicho, pero no es un texto fácil a pesar de su brevedad; es denso y no resulta sencillo sacar conclusiones prácticas, pues, como dice Harry G. Frankfurt, "no tenemos una idea clara de lo que es la charlatanería, por qué abunda o para qué sirve. (...) Carecemos de una teoría de la charlatanería". Y propone "dar una definición aproximada de charlatanería y explicar en qué se diferencia de lo que no es tal".

A principio de los años noventa, hubo otro superventas en EE.UU. entre los libros de no ficción, El arte de la prudencia, del español Baltasar Gracián (1601-1658). Es también una obra más bien breve, compuesta de unos trescientos aforismos que son algo parecido a consejos, explicados en cortos textos.

Hay algunos de estos aforismos que pueden ilustrar esto del bullshit: "Nunca exagerar"; "hablar con prudencia"... Pero también hay otros que se acercan peligrosamente a los fundamentos de la charlatanería: "Saber usar la verdad"; "sin mentir, no decir todas las verdades"; "saber llevar la contraria"; "no explicar las ideas con demasiada claridad". Un zorro este Gracián.

 

eaguirre@divertinajes.com
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