22 de mayo de 2006

Los nuevos

Nos pasamos demasiado tiempo pendientes de si el último libro de fulano está a la altura de aquel otro publicado hace veinte años y que tanto gustó; de que porqué va esta mengano y escribe otra novela, si ya no tiene nada que contar; de si la dan o no el Nobel a este o el Cervantes a aquel otro.

Y en esas, nos adelantan nuevos libros, nuevos autores, entre los cuales, sin duda, hay buena literatura. Es tan difiícil juzgar lo que ocurre a nuestro alrededor en el momento en que ocurre. Y es tan difícil estar al tanto y mantenerse informado y leer libros que a la mitad, si no antes, ya nos han dejado claro que no valen un pimiento. Pero quien no arriesga...

El Tercer Nombre es una editorial de corta vida todavía, la cual, visto su catálogo, se está dedicando a publicar libros de toda clase. Eso quiere decir que su producción puede ir desde lo innecesario a lo indispensable. Este tipo de empresas literarias son las que más sorpresas nos pueden dar, pues su pesca tiende a pillar ejemplares ignorados o rechazados por las grandes.

Una de las propuestas últimas de El Tercer Nombre es Deudas pendientes, de Antonio Jiménez Barca (Madrid, 1966), un periodista que publica su novela de debú, que es policiaca, con lo cual ya nos podemos imaginar un poco los elementos que contiene.

Por primera novela: una mirada hacia la adolescencia, con su pizca de nostalgia y su puñado de ironía; reencuentros; la exposición de la maduración del protagonista; el inevitable toque autobiográfico...

Por novela policiaca: un crimen; un poli duro, pero en el fondo buen tipo; aquello tan usado de "nada es lo que parece"; el descubrimiento de un secreto; la desconfianza y la comprensión, según avance la trama, hacia la víctima o hacia el criminal...

Efectivamente, todo ello está en la primera novela de Jiménez Barca, con un notable resultado, por cierto. La pretensión primera, parece, es la de contar, bien contada, una historia. Por supuesto, está bien escrita, pero sin alardes de estilo. Habla de la vida en un barrio de la periferia de Madrid en los primeros años ochenta, y lo hace (hay que agradecérselo) sin todos esos tics de literatura negra impostada que tanto hemos sufrido en la novela española reciente; no, está contado como lo vivían en aquel tiempo y en aquellos lugares aquellos chavales, con toda la normalidad del mundo, pues esa, y no otra, era su vida.

No todo lo nuevo tiene que ser bueno, pero démosles oportunidades a quienes llaman a la puerta de nuestras bibliotecas. Van a pasar aunque no queramos.

eaguirre@divertinajes.com
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