15 de mayo de 2006

¡Ya vale de conspiraciones!

Hay un libro por ahí que lleva vendidos no sé cuántos millones de ejemplares en casi todas las lenguas, que ha sido llevado al cine y que ha gozado de una publicidad gratuíta casi indecente por parte de la prensa, la televisión y la radio, que han dado muestras de un aborregamiento casi enternecedor. "Sí ya sé que es malo", se ha oído decir en más de una redacción, "pero a la gente le gusta". Entonces, venga a publicar páginas y páginas sobre la novelita de las narices.

No, no voy a decir el título: ¡Qué paguen sus anuncios!

Una de las bazas de semejante mostrenco literario es el juego que establece con eso tan de moda ahora que llamamos Teoría de la conspiración. Los secretos del Cristianismo, alguna secta de tintes épicos y milenarista (mejor si ya desapareció), cuatro símbolos encerrados en un retablo medieval, una profecía, un regicidio en el siglo XVIII, un atentado contemporáneo... Mézclese, agítese y sírvase calentito, que ya llegarán un montón de listillos a buscar las claves, los códigos o los secretos que traspasen la ficción para metérnoslos en la realidad, y así la mercadotecnia funciona como un reloj suizo. Cuánta bobada.

Hay por ahí otro libro de lo más aconsejable como antídoto, Amos del mundo (Debate), de Juan Carlos Castillón, un repaso de la historia de estas conspiraciones escrito con toda la sensatez y el conocimiento de los que carecen tantas otras paridas que nos están intentando vender.

Esto de las conspiraciones parte, según leemos en Amos del mundo, de los aledaños de la Revolución Francesa de 1789. Se trató, desde un principio, de presentar versiones alternativas a la historia oficial que explicaran determinados acontecimientos. Como tenemos esa sensación de que nos engañan constantemente, es entendible que esto cuajara. Además, en muchas ocasiones, las explicaciones pasaban por echar la culpa a alguien: a los legitimistas monárquicos, a los sionistas, a los templarios... A raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU, las conspiraciones volvieron a un primer plano. En la última campaña electoral para la presidencia, George Bush y John Kerry admitieron, siempre con cierto misterio, que habían pertenecido a una fraternidad universitaria, Skull and Bones, en la que se supone que también estuvieron presidentes anteriores y políticos de mucho fuste estadounidenses, y a la que se atribujern conjuras y maquinaciones de todo tipo.

Es cierto que resulta tentador buscar conexiones que clarifiquen las cosas, tan oscuras, que nos encontramos cada día, pero al cerrar este libro, la sensación es que nos tenemos que conformar con interpretaciones más normales para entender los acontecimientos de la actualidad.

Y en cuanto a la literatura... Umberto Eco, en El pédulo de Foucault, parodió todo este rollo, pero parece que lo que se lleva ahora es tomárselo en serio.

Este Juan Carlos Castillón es un tipo aparentemente interesante. Nació en Barcelona, y rondará los cincuenta años. En 2001, se publicó La muerte del héroe y otros sueños fascistas (Debate). Era la historia de un militante de la extrema derecha española que en los tiempos de la Transición tiene que salir por patas del país; se marcha a Centroamérica donde se mete en el ambiente de los grupos paramilitares... Se vendió como relato de tintes autobiográficos. La verdad es que la novela está bastante bien, tiene un pulso de violencia y de agresividad poco común (quizá porque el tío sabía bien de lo que estaba escribiendo, quién sabe). Despúes, apareció Nieve sobre Miami (Debate), también ficción (no la he leído). De nuevo, hay similitudes biográficas: Castillón fue librero en Miami.

Y luego, Amos del mundo.

eaguirre@divertinajes.com
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