8 de mayo de 2006

Ay, los símbolos

Ignacio Vidal-Folch (Barcelona, 1956) tiene una misión, a la manera de aquellos escritores naturalistas del siglo XIX que querían dejar retratada la sociedad en la que vivían. Afortunadamente, Vidal-Folch no es naturalista, por lo cual su misión tiene unas formas y unas intenciones más del siglo XXI.

Hace una año, se publicó Turistas del ideal (Destino), novela de la que dimos cuenta en una Errata, y que inauguraba una trilogía política (más o menos) de este escritor barcelonés. Allí, nos encontrábamos con una mordaz y nada piadosa sátira de los intelectuales de izquierdas y sus buenas causas.

Ahora, en Contramundo, Vidal-Folch se enfrenta, pluma en mano (dedo en teclado, deberíamos decir en estos tiempos) al nacionalismo y a sus símbolos. Aunque se reconocen muchas cosas de Cataluña, hay detalles y pinceladas que recuerdan a otros nacionalismos, como el vasco. Pero el problema del nacionalismo es universal, y seguramente un francés encontraría semejanzas con los bretones o con los corsos, por ejemplo.

Aunque hay momentos de un estupendo humor, no tiene este Contramundo el filo irónico de Turistas del ideal, pero aún así, o quizá por ello, el peso de la crítica es probablemente mayor. No se limita la novela al nacionalismo, sino que hay una segunda línea argumental muy interesante, tomada de la historia real, que es una aventura condenada al fracaso del militar y poeta español del siglo XIV Francisco de Aldana, quien simboliza dramáticamente la consecución de un gran esfuerzo para nada.

¿Cuánto tiene de "esfuerzo para nada" una reivindicación nacionalista en la Europa de nuestros días? ¿Cuanto tiene de "esfuerzo para nada" desempolvar símbolos patrios cuando ya estábamos logrando deshacernos de los que existían?.

¿Cuánto tiene de esfuerzo inútil esgrimir buena literatura para gritar lo que no nos gusta? Pues yo creo (mucho "yo", lo siento...) que nada.

No hay nada más útil, para nosotros lectores, que encontrar los más variados argumentos, las más variadas intenciones y los más variados motivos en los libros que leemos. Si es para ciscarse en el nacionalismo, bien; si es para reirse de los progres o de los patriotas o de los iluminados religiosos, bien; si es para destrozar valores en los que nosotros creemos ciegamente, mejor, que hay que tener cintura para estas cosas y saber encajar críticas.

Al parecer, la obra que completará esta trilogía tendrá que ver con el dinero, la corrupción...

eaguirre@divertinajes.com
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