10 de abril de 2006

La diferencia

Lo que sabemos nada más empezar es que ha habido un asesinato en una fiesta. La policía está interrogando a algunos testigos. La anfitriona de la fiesta es un travesti que se hace llamar La Marquesa.

Lo que nos vamos encontrando es una sucesión de declaraciones que, más allá de aclarar algo sobre la muerte investigada, nos proporcionan el perfil de La Marquesa.

Habla una (quizá sea uno, en esta historia nunca se sabe...) locutora de radio; una mujer que frecuenta esos ambientes siguiendo a un hombre del que está enamorada, pero él de ella no; un abogado que también es travesti; una especie de monstruo, por su aspecto físico; el hombre que no está enamorado de la citada más arriba.

Da igual quién cometió el crimen (si es que fue un crimen), lo que atrapa de esta novela, Una vida distinta (Pre-Textos), es el paisaje al que nos da paso, un paisaje que la mayoría de los lectores no podría conocer por sí mismos. Los personajes de esta breve novela (120 páginas) no están conformes con la apariencia y el papel que les han tocado en suerte y crean la apariencia y el papel que ellos desean. Poco importa que se correspondan con lo que los demás ven. A ellos esa diferencia no les importa. Y así viven. No siempre felices; como casi todo el mundo.

El autor de Una vida distinta es Javier Ponce Gambirazio, nacido en Lima (Perú), en 1967. Ponce ha cursado estudios científicos (es psicólogo clínico), ha escrito poesía, teatro, y espectáculos para circo. En España, publicó por primera vez hace tres años, otra novelita (90 páginas), titulada Un trámite difícil (Pre-Textos).

"Envejecer habiendo sido una belleza es un trámite difícil. Si lo sabré yo". Quien habla en el arranque de esta historia es... ¿Alguien se lo imagina...? Pues sí, otro travesti, Divina Lima (quien hace un cameo, si se puede utilizar este término cinematográfico, en Una vida distinta). En esta caso hay una muerte por una paliza y son tres travestis, entre ellas la muerta, quienes monologan sobre sus vidas, sus amores, sus desengaños.

Javier Ponce maneja muy bien la exposición pública de estos ambientes, de estos mundos, de estas vidas. No intenta hacerlos pasar por más o menos cercanos a los de la mayoría (eso que algunos incautos llaman normalidad), no renuncia a poner de relieve la parte freak, los comportamientos histriónicos, la parefernalia esteticista, la sordidez vital. Pero tampoco deja de mostrar que un amor no correspondido es igual de doloroso y frustrante entre dos adolescentes (chico y chica), que entre un deforme afeminado y un efebo tonto.

Hay quien busca exotismo en la literatura; quien busca otras épocas históricas; quien quiere que le cuenten el futuro. Todo se puede buscar y encontrar en una novela. También travestis. No hay muchos en la literatura.

eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir