27 de marzo de 2006

6.000 libros

En marzo de 1944, en Budapest, un hombre contempla su biblioteca. Se despide de sus seis mil volúmenes. Es escritor. Las tropas nazis están a punto de tomar la ciudad. Tiene que marcharse.

El escritor se llamaba Sándor Márai. Había nacido en Kassa (antes Hungría, ahora Eslovaquia), en 1900, y falleció en San Diego (California, Estados Unidos), en 1989. Con esa mirada a sus libros, Márai empieza ¡Tierra, tierra!, (Salamandra, con traducción de Judit Xantus), un volumen recién publicado en español, de carácter autobiográfico, donde narra el impacto soviético en su país y en su vida, que resultó tan fuerte que el escritor hubo de exilarse.

Sándor Márai está refugiado en un pueblo a pocos kilómetros de Budapest, donde llegan tropas del Ejército Rojo soviético para cercar la capital y arrebatársela a los nazis. La convivencia con los rusos es difícl, sus comportamientos (delictivos y bruscos) tienen que ver, a los ojos del escritor burgués, con la esencia eslava y con el opresivo regimen estalinista, fruto de la revolución.

Sí, Márai es y se considera burgués (así se titula el primer volumen de sus memorias, Confesiones de un burgués, en Salamandra, también) y decide juzgar lo que ocurre a su alrededor sin los prejuicios que tiene sobre los comunistas. La realidad le puede, y terminará marchándose en 1948.

En varias ocasiones, Márai dice que su única patria es la lengua húngara, una lengua que defiende desde la lectura. Cuenta que los escritores húngaros, en el inicio del siglo XX, tienen todavía que leer mucho: "No solamente había que proteger, limpiar y pulir el precioso idioma húngaro, tan solitario, sino que había que rellenarlo, por medio de la lectura, con motivos de otros idiomas (el único pariente del húngaro en el mundo es el finlandés, pero nadie, aparte de los lingüistas especializados, entiende ese parentesco). Había que darle al idioma húngaro una buena dosis de vitaminas, porque, después de mil años de presencia en Europa, seguía necesitando el alimento que recibía de otras lenguas", escribe.

Cuando el Ejército Rojo entra en Budapest, cuando los nazis son derrotados, Sándor Márai regresa a su caza que no es más que un montón de escombros. Ni rastro de los seis mil libros... Bueno, sí, encuentra por allí un manual de adiestramiento de perros. Más adelante, entre las ruinas y con la ayuda de un librero de viejo recuperará algunos títulos.

La lectura es una constante en este libro, es decir en la vida de Márai, quien el otorga ese poder en el que tantos queremos creer. Incluso se extraña de que sus compatriotas no vieran venir la ola soviética que arrasó las libertades, pues circulaba un libro en el que se relataban los excesos ya cometidos en la URSS.

¡Tierra, tierra! es una lúcida crónica de cómo la Europa del este cedida a la influencia soviética en Yalta va siendo invadida hasta en los rincones más escondidos de su identidad y de su vida. Es la reflexión de un hombre que ve lo que se le viene encima y sufre por ello (y por la pérdida de su país). Es una declaración de la trascendencia de los libros y de la lectura.

Tengo que enterarme de si Sándor Márai escribió más obra autobiográfica. Ya les contaré.

eaguirre@divertinajes.com
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