27 de febrero de 2006

Ha llegado otro

Es frecuente la queja de que se publica mucho, de que todo el mundo escribe, de que hay demasiado donde buscar y así es fácil que grandes escritores o grandes novelas pasen sin que nadie repare en ellos. No me lo creo mucho.

Es cierto que provoca una cierta ansiedad no poder estar al día, no haber leído más de entre lo que se publica para poder tener un criterio sobre lo que merece o no la pena. Pero también es verdad que semejante avalancha, con todas las cosas malas que arrastra, no es sino una muestra del mundo en el que vivimos.

Somos cada vez más numerosos, estamos cada vez más educados (en cuanto a alfabetización y a estudios, porque educación, educación, lo que se dice educación...); la idea de que todos somos iguales y de que todos tenemos derecho a las mismas oportunidades también ha llegado a la creación literaria.

¿Que así algún chalado o algún idiota o algún iluminado puede creer que cualquier parida que escriba y logre publicar (se lleva mucho la autoedición y similares) puede resultarnos interesante? Pues qué se le va a hacer.

No estaría mal transportarse en el tiempo y ver cuántas obras maestras estaban disponibles en tiempos, no sé, de Zola, por ejemplo. Seguro que también existían autores y libros malos, que de hecho ahora no conocemos porque no han pasado la mínima criba de los años.

¿Tiene esto algo que ver con este señor tan serio de la foto de la izquierda llamado Pablo Sánchez? No mucho, al menos en cuanto a que Sánchez (Barcelona, 1970) no es un chalado, sino un tipo que lleva muchos años leyendo, enseñando literatura y, suponemos, escribiendo. Y un buen día (seguimos suponiendo) decidió enviar un manuscrito (¿por qué seguimos llamándolos manuscritos?) a un premio, el Lengua de Trapo de Novela, y lo ganó. El libro se titula Caja Negra y cuenta la historia de un escritor que alcanza el éxito con una novela, un éxito de esos buenos, con entrevistas a troche y moche y fama y pasta. Pero viene otro escritor a estropearle la fiesta con una acusación, al parecer bien argumentada, de plagio. El primero empieza a caer por una pendiente en la que se rueda muy bien, y esa caída le afecta en todos los órdenes de la vida, tanto como para obsesionarse con el acusador, con su propio libro, con las coincidencias de ambos textos.

Así que ha llegado otro a la literatura en español. Ni se me ocurriría aventurar si resitirá la criba del tiempo, pero sí me ha parecido que resiste la cribe de una lectura.

Y que se siga publicando mucho, que así tenemos más donde elegir, más cosas que rechazar y más oportunidades de tomar decisiones; ¿será esto, lo de las decisiones, lo que les da miedo a algunos?

eaguirre@divertinajes.com
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