20 de febrero de 2006

¡Niño, deja de leer tebeos!

La lectura de tebeos ha estado siempre opuesta a la de los libros, sobre todo durante la infancia y la adolescencia. Daba la sensación de que el niño que se pasaba las horas muertas con las aventuras de Tintín, Astérix o el teniente Blueberry (en función de la edad) se estaba marchando por un camino distinto del de la cultura, tan a menudo identificada con los libros, y solo con los libros.

Pues no es cierto. Entre novela y novela, entre ensayo y ensayo, ¿por qué no vas leer una historieta? Aquí van tres tebeos que he leído recientemente y que no tienen nada que envidiar a cientos (miles, incluso) de novelas que se publican todos los años.

Además, ¿nadie se ha dado cuenta de que se dice LEER tebeos?

La mala gente es un libro de Étienne Davodeau, publicado recientemente en Francia (allí sí le tienen respeto al tebeo), donde está cosechando un gran éxito. En España se va a publicar en abril (Ponent Mon). Me lo pasó mi amigo Nacho, y me dijo que la historia que cuenta La mala gente quizá no le hubiera interesado si no hubiera sido un cómic. Es verdad que tal y como está presentada, si la imaginas en una novela puedes pensar que hubiera resultado algo más floja. A ver si va a ser verdad eso de que cada historia requiere un formato.

Las malas gentes cuenta el despertar de la conciencia social de dos personas, en una región especialmente conservadora y católica de Francia, desde la posguerra mundial hasta la llegada del Partido Socialista al poder, en 1981. Es un buen cómic, pero ya no puedo dejar de imaginarlo como novela, o como película. Quizá en cine funcionaría mejor, pero también es posible que un escritor hábil podría imprimirle literatura. No sé.

En cualquier caso, Davoneau utiliza técnicas poco habituales en el lenguaje gráfico de los cómics, que le dan a este libro un valor especial, como por ejemplo la presencia a lo largo de toda la narración del propio dibujante que entrevista a sus protagonistas y visita los lugares de la historia.

Hay otro tebeo reciente muy interesante, El fotógrafo, de Guibert, Lefèvre y Lemercier (Glénat), que también opta por usar recursos poco comunes. Cuenta el viaje de un fotógrafo, Didier Lefèvre, a Afganistán, duante la guerra contra la URSS, a mediados de los años 80, acompañando a una misión de Médicos sin Fronteras. Está planteado como una aventura al estilo tintinesco (aunque todo sea real), tanto desde el punto de vista de la narración, como del dibujo. La peculiaridad consiste en que algunas fotos de Lefèvre están intercaladas, como si de otras viñetas se tratara. En España se han publicado dos volúmenes, y esperemos que el tercero llegue pronto.

En el lado más salvaje del tebeo está Miguel Ángel Martín (León, 1960), autor de una obra personalísma y rara, rara, cuyo mejor ejemplo es un personaje llamado Brian the Brain. Es un niño que tiene la masa cerebral por fuera de la cabeza y que vive en un mundo frío, en el que la ciencia tiene un tremendo protagonismo. Está rodeado de otros seres enfermos, con taras, con anomalías. Ediciones La Cúpula ha reunido en un volumen las historietas de este niño, en las cuales mediante un dibujo limpísimo, con tintes de cómic infantil, se pueden contar las cosas más demoledoras. Este contraste tiene una enorme fuerza. Es uno de los grandes del tebeo español, sin duda.

Así, que dejen leer al niño (y a los que estamos lejos de ser niños) tebeos en paz.

eaguirre@divertinajes.com
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