6 de febrero de 2006

Historias mínimas

Este Historias mínimas es el título de una deliciosa película argentina reciente, dirigida por Carlos Sorín. En ella, tres anécdotas vitales que podrían haber resultado del todo irrelevantes, protagonizadas por gente normal, por gente que estaba a otra cosa antes de que los acontecimientos se precipitaran, adquieren la categoría de aventura. Recomendable.

En una guerra, y en sus alrededores, parece más fácil que las peripecias vitales se conviertan en epopeyas. Hay cientos de miles de casos de los cuales tirar. El de Rosario Sánchez Mora, durante la Guerra Civil española podría ser un buen ejemplo.

Una chica normal, de apenas 17 años, llegada a Madrid de un pueblo castellano, decide alistarse para defender la República, atacada por un golpe de Estado ilegal (¿puede haber un golpe de Estado legal?) y fascista. Pasa una temporada en uno de los frentes, a las órdenes de un cabecilla comunista, El Campesino (Valentín González), donde aprende el manejo de la dinamita. En un accidente, pierde la mano derecha.

Seguirá actica, aunque en tareas de intendencia, hasta 1939. Se casará, tendrá una hija y será encarcelada. Volverá a ser libre... ¿Libre? No, volverá a la calle, a buscarse la vida, a intentar recuperar a su hija y a su marido, a llorar a sus padres. Libre, no, porque en una dictadura nadie es libre.

"Rosario, dinamitera, / sobre tu mano bonita / celaba la dinamita / sus atributos de fiera", escribió inspoirado en ella el poeta Miguel Hernández.

Rosario Sánchez Mora, Rosario Dinamitera, está viva, tiene buena memoria y, además, unos cuantos cuadernos en los que ha dejado constancia de tantas cosas de su vida. Y las ha contado. Y con ellas un periodista llamado Carlos Fonseca (Madrid, 1959) ha escrito su biografía; al menos una parte de su biografía: la guerra, la cárcel, la posguerra, la represión... Rosario Dinamitera. Una mujer en el frente (Temas de Hoy)

Este Fonseca lleva ya unos cuantos libros tomando historias mínimas y convirtiéndolas en historias máximas. Son casos que no serán más que anécdotas o notas al pie en los manuales de Historia (ojo a la mayúscula) del futuro, pero sin las cuales ésa Historia jamás podría escribirse.

Hace un par de años, Carlos Fonseca publicó Trece rosas rojas (Temas de Hoy), donde relató la detención, el juicio y el fusilamiento de trece mujeres jóvenes, vinculadas en mayor o menor medida a un partido llamado Juventud Socialista Unificada, ocurrido todo ello en plena borrachera represora del regimen instaurado por Franco tras ganar la guerra. Unos años antes, en Garrote vil para dos inocentes (en la misma editorial), desempolvó la ejecución de dos militantes anarquistas, Francisco Granado y Joaquín Delgado, en 1963.

Así, en forma de libro, vuelven a la vida por un tiempo un grupo de gente que, sin papeles estelares, protagonizó sin embargo uno de los momentos más estúpidamente tristes y oscuros de la historia de España.

¿Me disculpan que haya plagiado el título de la película argentina para esta Errata?

eaguirre@divertinajes.com
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