30 de enero de 2006

La vida de Samuel L. Clemens

En Madrid, desde hace un montón de meses, hay una obra de teatro que está logrando un gran éxito. Se trata de la adaptación del Diario de Adán y Eva, un estupendo librito de Samuel Langhorne Clemens, un escritor estadounidense nacido en el estado de Misouri, en 1835, y muerto en Nueva York, en 1910.

¿No les suena? Claro que sí, seguro que le conocen por su seudónimo, Mark Twain.

Además del éxito teatral del mencionado Diario de Adán y Eva (hay una buena edición en Trama, traducido por Cristina García Ohlrich), se acaba de publicar Un reportaje sensacional y otros relatos (Espasa, con traducción de León Mirlas), un conjunto de textos muy recomendables de Mark Twain. Estos relatos tienen humor (casi siempre ácido y muy crítico), tienen una buena narración y son un ejemplo de muchas de las caracterísiticas de la literatura de este escritor, a quien todos tenemos en la cabeza por Las aventuras de Tom Sawyer o las de Huckberry Finn, por Un yanki en la corte del rey Arturo o por Príncipe y mendigo, novelas asociadas, además, a lecturas juveniles.

Pero el señor Clemens fue también un activo y prolífico periodista, un cronista de viajes, y un autor de mucho éxito, fama, reconocimiento y, al parecer, dinero, durante su vida.

Hace un año poco más o menos, la editorial Espasa sacó a la calle, por primera vez en español, la Autobiografía de Mark Twain (la traducción y la introducción corrieron a cargo de Federico Eguiluz).

¡Ajá! Leyendo estas memorias, descubrimos que el propio Samuel niño y adolescente fue algo así como una mezcla de sus dos héroes infantiles, los ya nombrados Tom Sawyer y Huck Finn, y que creció rodeado de los personajes que luego plasmó en muchos de sus libros.

Aunque logró una cómoda posición social, Clemens se tuvo que buscar la vida con denuedo durante años y años: pilotó barcos por el Misisipi, busco oro en Nevada, estuvo en la guerra de Secesión... Es curioso pero en esta Autobiografía aparecen sus libros como referencias, pero nunca cuenta nada del proceso de creación o de escritura. Sí le dedica algunos capítulos a las conferencias, mediante las cuales se ganó las lentejas una temporada y que fueron un espectáculo de mucho predicamento en los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XIX.

La galería de personas que atraviesan estas páginas es uno de los atractivos del libro, desde su padre, madre, hermanos, hasta sus hijas y su mujer, pasando por esclavos negros, escritores gorrones y sablistas, por buscadores de oro, por conferenciantes que aburren a las ovejas, por dueños de periódicos, por ex presidentes de EEUU...

El otro día, una persona que escribe, pero que se gana la vida en otras actividades no literarias, me decía que le parecía una desventaja para los escritores en la actualidad tener que vincular su creación con sus ingresos, pues consideraba que así su literatura estaba demasiado atada a plazos de entrega, a periodicidad en la publicación de libros, etc.

Mark Twain hubo de sentir estas ataduras en lo que a su labor periodística se refería , pero da la sensación de que para nada en lo concerniente a sus novelas. En cualquier caso, otra de las ventajas de vivir experiencias profesionales no limitadas a la literatura es que el horizonte de lo que se escribe se amplía considerablemente, y esta amplitud está en Mark Twain.

eaguirre@divertinajes.com
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