16 de enero de 2006

Basado en hechos reales

Ha sido uno de los buenos libros del año, en España, porque en EE.UU. La conjura contra América, de Philip Roth, apareció en 2004. Aquí la ha publicado Mondadori, con la traducción de Jordi Fibla.

Philip Roth utiliza personajes, escenarios y hechos reales para mezclarlos, añadir unas gotas de ficción y servirlo todo, como si fuera un cóctel, a la temperatura adecuada.

Personaje: Charles A. Lindbergh, piloto de aviones, el primero que cruzó en un vuelo sin escalas el océano Atlántico, antisionista declarado y simpatizante del régimen nazi.

Escenario: Estados Unidos entre 1940 y 1942. Europa está en guerra y América tienes dudas respecto a mantenerse neutral o intervenir. El presidente Franklin D. Roosevelt no es partidario del aislamiento.

Hechos: Se celebran elecciones presidenciales en ese año de 1940.

Entonces, entra la ficción: esas elecciones las gana Lindbergh con su discurso demagógico y la relación estadounidense con la Alemania del Tercer Reich es otra diferente a la que hemos estudiado en los libros de texto.

Philip Roth utiliza esta puesta en escena para plantear cómo hubiera sido una persecución de los judios, del millón de judios estadounidenses, en territorio americano. Lo cuenta desde el punto de vista de una niño (él mismo) judío de siete años que vive en un barrio judío de Newark.

La novela está muy bien. Todo lo relacionado con los avatares de esa familia, llamada Roth, tiene una fuerza narrativa tremenda. A la utilización de la historia real, de los hechos reales, para llegar a la situación que el autor pretende manejar, la presidencia de Lindbergh, no se le puede poner pega alguna, es verosímil y tiene consistencia. Quizá en las explicaciones finales de la actitud y el comportamiento del aviador presidente la cosa se debilite algo, pero tienen relativa poca importancia ante el conjunto de la novela.

Así que me parece que es un libro muy recomendable.

Por estos pagos, hace unos años y ante el éxito inesperado de la novela Soldados de Salamina, de Javier Cercas, hubo un cierto debate sobre esta clase de argucias literarias. Les recuerdo que Cercas utilizaba el fusilamiento fallido de un jerarca falangista, Rafael Sánchez Mazas, para fabular en torno a las causas de aquel error, en torno a quién lo cometió y cuál fue su destino.

El reproche que más he oído es que el novelista cuenta una historia sin decir en ningún momento que es mentira, sin establecer, para el lector, una separación entre los hechos reales y la ficción. Es curioso, porque muchas grandes novelas hacen lo contrario y nadie le pone reparos a eso: anuncian en sus primeras páginas que estamos ante una historia verdadera y luego nos sueltan una ristra de estupendas mentiras. ¿El Quijote, por ejemplo? ¿Por qué deberían anunciar Roth o Cercas que van a inventarse lo que viene a continuación en su libro?

¿No debemos ser los lectores quienes nos busquemos la vida para saber ante qué estamos? Igual que buscamos información sobre un escritor cuando nos hablan de este o de aquel libro; igual que nos documentamos sobre una época o sobre una zona del mundo a medida que avanzamos en una trama, por qué no vamos a hacer un esfuercito y pensar qué estamos leyendo y llegar nosotros a la conclusión de que es ficción; o de que no.

Además, rara es la edición de un libro en la actualidad en la que no queda perfectamente claro (desde la portada misma) si es novela, si son relatos o si es un ensayo histórico...

Hay una curiosidad respeto a esta novela que, además, es un reflejo estupendo de qué es la crítica literaria y cómo son los críticos que la ejercen.

A las pocas semanas de publicarse La conjura contra América, aparecieron, el mismo sábado, dos reseñas en dos suplementos culturales absolutamente opuestas.

En la suya (pinchen y lean), en ABCD (del diario ABC), el escritor Juan Manuel de Prada destrozaba el libro de Roth, calificándolo de "novela fallida". En la otra (vuelvan a pinchar y vuelvan a leer), en Babelia (de El País), otro escritor, José María Guelbenzu, hablaba incluso de "obra maestra".

Si ya lo decía Harry el Sucio: las opiniones son como los culos, todos tenemos uno.

eaguirre@divertinajes.com
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