9 de enero de 2006

Soledad. Exilio interior

"7 de octubre de 1949. Examen de conciencia. Hoy cumplo sesenta y dos años. Y se me ha ocurrido echar una ojeada sincera a mi vida.

Yo creo que nací siendo escritor. Si la suerte me hubiera sido favorable pienso que habría podido escribir obras importantes, quizá alguna gran obra –novela, ensayo, teatro, historia.

Pero estoy llegando al final de mi vida y no he sido –para mi gusto– más que un periodista, un pequeño escritor de circunstancias que no dejará nada perdurable. E incluso un periodista truncado, que tuvo que enmudecer cuando llegaba a plena madurez".

Gaziel en Mediataciones en el desierto (Destino, traducido por Felip Tobar).

Este Gaziel es el seudónimo de Agustí Calvet (San Feliu de Guíxols, 1887-Barcelona, 1964), periodista, como ha quedado claro. Llegó a ser director de La Vanguardia hasta el inicio de la Guerra Civil (1936-1939). Gaziel no pudo volver a ejercer el periodismo en la España franquista, en la que vivió. Aquello se llamó el exilio interior, y estuvo compuesto por los más variados opositores –más bien silenciosos y también silenciados – a aquel régimen.

Durante siete años, Gaziel escribió unas reflexiones, sobre todo de carácter político, en una especie de diario, aunque, según él, sin intención alguna de publicarlas. Pero finalmente vieron la luz en 1974, aunque la primera edición íntegra, en catalán, es de 1999. Y ahora, aparecen traducidas al español.

La mayor parte del libro está constituída por reflexiones en torno a la soledad en la que han dejado a España los países democráticos y vencedores de la Segunda Guerra Mundial, cuando, de una manera o de otra, han ido aceptando y reconociendo a Franco y su dictadura.

Gaziel se define como liberal, tan lejos del marxismo como del fascismo. Sus opiniones tienen un interesante punto de sensatez, a veces de clarividencia (respecto a EEUU; respecto a cómo luchar contra el bloque soviético), pero también de pesimismo. Leyendo este texto se entiende bien la soledad que sintieron tantos españoles que vivieron sin libertad, a veces sin esperanza en que las cosas pudieran cambiar.

Gaziel arrea unos cuantos palos a intelectuales como Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala o Azorín, por su sumisión y alabanzas al franquismo. Le desepera tanto la actitud de estos como la del gobierno inglés, enemigo de Hitler y de Mussolini durante un tiempo, y aliado de Franco luego por cimentar un frente anti comunista.

Gaziel sufrió otro exilio dentro del exilio mayor, el ideológico, que fue tener que vivir una larga temporada en Madrid (donde están escritas estas Meditaciones), lejos de Barcelona, aunque admite, de vez en cuando en el libro, que le vino bien esa distancia.

También se habla en Meditaciones en el desierto de literatura, de sexo, de Cataluña, de El Quijote, de lo malo que estaba el cocido –famoso– del restaurante Lhardy, en Madrid (a mí siempre me ha parecido grasiento).

En julio de 2006, se cumplirán setenta años del golpe de Estado que inició la Guerra Civil española. La avalancha de libros (buenos, malos y pésimos) es, y será, espectacular. Me temo que me resultará inevitable traer aquella guerra a esta Errata alguna ves más.

 

eaguirre@divertinajes.com
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