12 de diciembre de 2005

De tebeos (y una polémica)

Me gustan los cómics (o tebeos, según se prefiera). Desde Astérix y Tintín y Corto Maltés y Spirit... a obras contemporáneas como Maus, de Art Spiegelman, Brain the Brain, de Miguel Ángel Martín, Persépolis, de Marjane Satrapi, Ghost World, de Daniel Clowes...

En 1997, dos comiqueros estadounidenses, Paul Karasik y David Mazzucchelli, transformaron en viñetas la novela Ciudad de Cristal, del escritor Paul Auster (Nueva Jersey, 1947). Con una rapidez muy de agradecer, Ediciones La Cúpula la publicó en España, en un formato conocido como comic book, en tres entregas (con la traducción de Francisco Pérez Navarro).

Desde la primera lectura, me pareció que aquella obra respondía muy bien al espíritu de la novela, que recogía su trama y sus segundas y terceras intenciones (en Paul Auster siempre hay algo de esto). Y me gustó su dibujo: sencillo en apariencia; austero, pero muy expresivo; con tintes de género negro.

Si se adaptan las novelas al cine, ¿qué tiene de raro y de menos digno que se haga al lenguaje de los tebeos? Es verdad que muchos de ustedes se acordarán de una colección que había en los años setenta en España llamada Joyas literarias, que eran, precisamente, traslaciones de obras clásicas de la literatura al cómic. La calidad no era excepcional, pues se trataba de resúmenes de aquellas narraciones y el aspecto gráfico era tirando a vulgar...Bueno, eso lo digo ahora, porque en mi infancia me encantaban y aprendí mucho de literatura. Una buena parte de las grandes novelas de todos los tiempos que he leído después ya las conocía por aquellas Joyas literarias.

Ahora, Anagrama, la editorial en España de Auster, ha recuperado, en un solo volumen, esta Ciudad de Cristal en viñetas, con un interesante prólogo de Art Spiegelman, quizá uno de los mejores autores contemporáneos de cómics. En su texto, Spiegelman dice que no le gusta nada el concepto de novela gráfica. Atención a la portada de este libro, pues así se presenta.

Desde hace unos años, ha ido adquiriendo peso esta definición, que viene a diferenciar una clase de tebeo más narrativo, que cuenta historias más largas, quizá más emparentadas con la literatura. Efectivamente, es una pequeña bobada, como cuando se empezó a hablar de cómics para adultos, para que si alguien te veía con la revista Cairo o con las aventuras de Max Giardino bajo el brazo, no pensara que allí iba un tipo con una síndrome de Peter Pan como la copa de un pino. Yo prefiero seguir llamándolo tebeos.

La única pega que le veo a esta edición es el tamaño: se disfrutaría más si el volumen fuera algo más grande, como lo era la edición de La Cúpula (que, por cierto, todavía se puede comprar).

Y permítanme recomendarles una página muy interesante para estar al día de lo que ocurre en este mundillo, La cárcel de papel, que es el blog de un lector y experto en cómics, cuyo criterio es digno de tener en cuenta.

Y hablar de Paul Auster me recuerda que...

Hace un par de años o tres o cuatro (cómo pasa el tiempo), en una Universidad de verano, el escritor súperventas Arturo Pérez Reverte dijo que la suya era la literatura que merecía la pena en la actualidad y no la que hacía Paul Auster. Increíble, pero cierto.

¿A santo de qué les doy yo este susto a ustedes aludiendo al autor de las aventuras del Capitán Alatriste? Pues porque la otra noche estuve hablando con JC de una reciente polémica protagonizada por este escritor y pensé que merecía la pena aludir a ella en esta Errata; que para eso están las polémicas.

Al parecer viene de lejos la enemistad (cuánto ego innecesario genera la escritura) entre Pérez Reverte y Francisco Umbral. Este último dijo en un acto público hace poco que la literatura de Pérez Reverte no tenía estilo, pero que a pesar de ello se vendía muy bien. El otro, desde su columna semanal en el suplemento dominical del diario ABC, respondió con un artículo, por llamarlo de alguna forma, absolutamente desproporcionado y carente del mínimo decoro.

Cuando digo decoro, lo digo siguiendo concretamente una de sus acepciones: "Adecuación del lenguaje de una obra literaria al génro, al tema y a la condición de los personajes" (RAE).

Cada cual que piense lo que quiera, pero a mí se me ocurre una cosa (que no solo es aplicable a Pérez Reverte, sino a algunos de quienes por vender mucho de su producto se creen con derecho a dar lecciones a troche y moche): David Bisbal es un chico muy simpático, de Almería, quien, tras ganar un concurso televisivo, grabó un disco y se marchó por el mundo a cantar. Bisbal vende, en España, una barbaridad de discos, más, sin duda, que los que se venden de Bach o de Miles Davis. ¿Alguien está lo suficientemente chalado como para pensar que los millones de euros que gana Bisbal y los estadios que llena para sus conciertos le acreditarían para dar lecciones de música a alguno de los arriba citados (es verdad que están muertos, pero me vale el ejemplo...)? Pues eso.

 

eaguirre@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir