7 de noviembre de 2005

Sobre lo que se lee

No todo va a ser empaparse de novelas y relatos, ¿no? De vez en cuando, no está mal echar un ojo a algún ensayo sobre historia de la literatura, por aquello de colocar un poco en su contexto lo que hemos leído y por aquello de que siempre se descubren nuevos nombres y nuevos títulos que, relacionados con otros que ya conocemos y nos interesan, nos pueden abrir alguna nueva puerta.

Uno de esos ensayos de lectura posible estos días, pues se acaba de publicar, es Tramas, libros, nombres (Anagrama), de José-Carlos Mainer, cuyo subtítulo no permite engaños: Para entender la literatura española, 1944-2000. Mainer (Zaragoza, 1944) es catedrático de literatura y un autor activo, que publica con cierta frecuencia. A principios de los años setenta, se metió en el berenjenal de investigar la relación de la literatura y la Falange, el partido fascista fundado por José Antonio Primo de Rivera en el que se apoyó Franco. Ahora parece fácil, pero a más de uno de tacharon de facha por preocuparse por aquello o por editar a alguno de aquellos escritores falangistas; que se lo cuenten a Andrés Trapiello, por ejemplo, que algo publicó en la desaparecida Trieste. Mainer escribió Falange y literatura (1971). Pero el libro que yo más he manejado es La Edad de Plata (Cátedra, 1975), un ensayo sobre la literatura española entre 1902 y 1939. Es una obra que he consultado mucho, y consulto, pues se encuentra allí una información muy precisa de cuanto se escribió en aquellos años. Mainer relaciona a unos autores con otros, descubre líneas comunes o divergentes de ciertos movimientos, cita a escritores que no conocías...

Aunque lo complementa a la perfección, este Tramas, libros, nombres no es la continuación de La Edad de Plata. No tiene el carácter divulgativo de aquel, aunque eso no quiera decir que sea un plomo, al contrario, ya que se trata de una recopilación de artículos, conferencias y esas cosas. Cuando habla de "tramas", José-Carlos Mainer establece grandes temas o formas o tendencias que han ido sucediéndose desde 1944, hasta el final de siglo. Cuando lo hace de "libros" o de "nombres" el asunto está más que claro. Ejemplos de "libros": compara (una "lectura conjunta", lo llama él) Los Bravos, de Jesús Fernández Santos, con El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, o dedica un capítulo a tres novelas de la Transición que considera superiores por varias razones: Visión del ahogado, de Juan José Millás, El río de la Luna, de José María Guelbenzu, y El héroe de las mansardas de Mansard, de Álvaro Pombo. En cuanto a "nombres", vuelve sobre Millás y Pombo e incluye a Ignacio Martínez de Pisón.

José-Carlos Mainer, en estos libros, transmite (al menos me lo transmite a mí) una pasión por la lectura, no tan habitual, desgraciadamente, en esta clase de trabajos. No digo yo que otros críticos, profesores o ensayistas no sean apasionados de los libros, sino que como se suelen poner un poco estupendos... Aquí no, aquí queda clarísimos los conocimientos del autor, pero no resulta en ningún momento una obra apabullante, al contrario, incita a leer.

eaguirre@divertinajes.com
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