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31 de octubre de 2005
Hardcore
La novela, de apenas un centenar de páginas, empieza así: “— ¿Sabes qué es una lengua bífida?”.
En Serpientes y piercings hay una historia de amor; hay tatuajes; hay automutilaciones (como esto de la lengua bífida); hay tribus urbanas; hay spleen juvenil (con una carga nihilista que ya quisiera Kurt Cobain); hay sexo... Todo es explícito, pero lo más hardcore de todo, por encima de las crudezas físicas, los más duro, lo clasificable con aquella X de antaño, son los sentimientos y el auténtico pasmo ante la vida de los protagonistas, especialmente de la chica, del de la lengua partida en dos y de un tatuador, que es el tercero en discordia en todo este jaleo.
Sé que es una cuestión a la que he aludido en otras Erratas,
pero cada vez que leo una de estas novelas, no importa cuándo haya
sido escrita (El gran Meulnes; El guardián entre el
centeno; Jakob von Gutten; Menos que cero; El
Jarama...), me llama la atención cuánto se parecen
las inquietudes y los terrores de los adolescentes a lo largo del tiempo.
Será por eso que este género (o subgénero literario
me gusta tanto), a pesar de que ya estoy más bien lejos de esas
edades... Aunque no sé si tanto de las inquietudes.
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