31 de octubre de 2005

Hardcore

La verdad es que resulta difícil sorprenderse ante algo que llegue de Japón. No sé qué tiene esa civilización que damos por normal cualquier cosa que de allí provenga. Y una de las últimas cosas made in Japan de que he tenido noticia es una novela que se titula Serpientes y piercings (Emecé. Traducida por Makiko Tsujimoto), escrita por una veinteañera llamada Hitomi Kanehara, que ha superado el millón de ejemplares vendidos en su país.

La novela, de apenas un centenar de páginas, empieza así:

“— ¿Sabes qué es una lengua bífida?”.

Pues si Lui, la protagonista adolescente, no lo sabía, en ese momento el fulano que ha formulado la pregunta abre la boca y ella ya sabe lo que es una lengua bífida.

En Serpientes y piercings hay una historia de amor; hay tatuajes; hay automutilaciones (como esto de la lengua bífida); hay tribus urbanas; hay spleen juvenil (con una carga nihilista que ya quisiera Kurt Cobain); hay sexo... Todo es explícito, pero lo más hardcore de todo, por encima de las crudezas físicas, los más duro, lo clasificable con aquella X de antaño, son los sentimientos y el auténtico pasmo ante la vida de los protagonistas, especialmente de la chica, del de la lengua partida en dos y de un tatuador, que es el tercero en discordia en todo este jaleo.

Esta novela tiene todos los ingredientes necesarios de ese primer libro de una autora que tiene, más o menos, la edad de su protagonista y que, de hecho, podría ser, perfectamente, la protagonista; de esa historia aparentemente mínima pero que resulta, al final, el retrato de una generación, o al menos de una parte de esa generación. Y para rematar, éxito de ventas e, incluso (estamos hablando de Japón, no nos olvidemos) un movimiento que podría calificarse de fans alrededor del libro y de la autora.

Sé que es una cuestión a la que he aludido en otras Erratas, pero cada vez que leo una de estas novelas, no importa cuándo haya sido escrita (El gran Meulnes; El guardián entre el centeno; Jakob von Gutten; Menos que cero; El Jarama...), me llama la atención cuánto se parecen las inquietudes y los terrores de los adolescentes a lo largo del tiempo. Será por eso que este género (o subgénero literario me gusta tanto), a pesar de que ya estoy más bien lejos de esas edades... Aunque no sé si tanto de las inquietudes.



eaguirre@divertinajes.com
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