24 de octubre de 2005

De un siglo oscuro

En El mago de Viena (Pre-Textos), su autor, el escritor mexicano Sergio Pitol, hace mención a El Periquillo Sarniento, de un tal José Joaquín Fernández de Lizardi... Ni idea, ¿verdad? Yo tampoco.

Se trata de una obra de tintes picarescos (me puse, enseguida, a buscar información), publicada en México en 1816. Encontré que Fernández de Lizardi (1776-1827) había escrito, según los expertos, una de las escasas obras de interés de su tiempo (entre el Barroco y el Romanticismo, más o menos)...

¿Qué por qué todo este rollo? Porque me he preguntado la causa de que la literatura del siglo XIX latinoamericano sea tan desconocida, sobre todo teniendo en cuenta el éxito de lo escrito después, durante el siglo XX. La verdad es que no he hecho mucho más que "preguntarme", pero al leer aquella mención de Pitol (un poco más abajo hablaré de él), me acordé de un libro de reciente publicación en español que tenía en casa y que no había leído.

Buen Criollo (Pre-Textos) fue publicado en 1895. Su autor fue Adolfo Caminha (Aracati, Brasil, 1867-Rio de Janeiro, 1897). Lo leí.

Buen Criollo es una novela realista, ambientada en el mundo de los marineros brasileños. A pesar de ese realismo, creo que no se puede hablar de literatura naturalista (en la línea de lo que se estaba escribiendo en aquellos tiempos en Europa: ya saben, Zola y esa gente). No, Buen Criollo cuenta su historia de manera muy concreta, con una llamativa economía de medios; describe paisajes, calles y viviendas (y barcos), y los describe bien, pero sin demorarse más de lo necesario. Tiene un toque moderno... Y no solo en el tipo de narración.

Buen Criollo retrata un amor homosexual, casi pederasta, con un erotismo evidente, casi explícito. Pero no es una novela gay, como podemos entender en la actulaidad ese género literario (sí, ya es un género). Es simplemente una novela que habla de un amor homosexual, como podría hablar de cualquier otro amor. En esto, por ejemplo, me parece más adelantada que la obra de un David Leavitt (¿se acuerdan?, que empuñó, en los años ochenta, el estandarte de lo gay. Por no hablar de todo ese subgénero de novelas homoeróticas, muy a menudo de dudosos valores literarios.

La traducción y el prólogo de este Buen Criollo es de Ángeles Caso, quien recuerda la ausencia absoluta de escándalo que siguió a la publicación del libro. ¿Otro rasgo de modernidad? Quizá, pero esta vez de la sociedad que lo recibió. Sí, pues la prologuista también recuerda que en 1895, en la avanzada (la cursiva es mía) Europa, se iniciaba el juicio contra Oscar Wilde...

Y como por su culpa me he ido a ese siglo oscuro que parece el XIX latinoamericano, un apunte sobre Sergio Pitol.

Mexicano de 1933, Pitol tiene ahora actualidad pues se han publicado dos obras suyas a la vez en España. Por un lado, el ya citado El mago de Viena, un volumen de carácter autobiográfico, que forma parte de una trilogía, que completan El arte de la fuga y El viaje, publicados ambos por Anagrama. El escritor cuenta trozos de su vida, muy a menudo estrechamente relacionados con la literatura, pero es que da la sensación de que todo en su vida ha estado, y está, estrechamente relacionado con la literatura.

Pitol se marchó relativamente joven de México y vivió en diversos países de Europa. En el camino, trabajó para el cuerpo diplomático de su país, y llegó incluso a pasar una larga temporada, en los años sesenta, en China. Así, su vida tiene un interés indudable.

El otro libro es Los mejores cuentos (Anagrama), que han sido seleccionados por su amigo y también escritor, éste de Barcelona, Enrique Vila-Matas.

La literatura de Sergio Pitol está muy bien, tiene sentido el humor, tiene buena escritura, tiene un poco de lo mejor de los dos mundos en los que ha crecido como autor, Europa y América Latina. Pues eso, que está muy bien.

Además, se puede (se debe) leer sus novelas El desfile del amor (1984), Domar a la divina garza (1988) y La vida conyugal (1991), que conforman una (otra) trilogía llamada Tríptico de carnaval; aunque se pueden leer de manera independiente; están, también en Anagrama.

eaguirre@divertinajes.com
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