17 de octubre de 2005

La vida a pedazos

Es un personaje curioso, tanto el escritor, como la persona. Alfredo Bryce Echenique (Lima, Perú, 1939) tiene una obra narrativa abundante y original. Suramericano que empezó a publicar en el momento de la explosión del llamado Boom, y amigo de los principales actores literarios de aquel momento, sus novelas, sin embargo, poco o nada tienen que ver con las características de ese movimiento (por llamarlo de alguna forma). Es un tipo que parece ir no contracorriente si no a la deriva.

Publica ahora Bryce el segundo volumen de sus Antimemorias, Permiso para sentir (Anagrama), continuación de Permiso para vivir (Anagrama, 1993).

Ambos libros responden a una desordenada estructura similar. Están divididos en dos partes, la primera de las cuales, en los dos casos, se llama Por orden de azar, y en ella el peruano va soltando su vida a pedazos, recuerdos de su infancia (familia de la aristocrática oligarquía limeña), de su llegada a París (en los ya casi legendarios años sesenta), de su aterrizaje en España (primero Barcelona y luego Madrid), de sus amores, de sus amigotes, de sus neuras, de sus libros, de sus borracheras... El siguiente apartado estaba dedicado en la primera entrega a Cuba, pues en los años ochenta y principos de los noventa, Alfredo Bryce Echenique tuvo mucha relación con la isla y con su alta jerarquía política y debió de sentir la necesidad de explicarse un poco; y lo hizo bien, con soltura literaria y con el sentido del humor habitual, pues es éste uno de los rasgos de estos textos autobiográficos y de sus novelas y de sus cuentos, el humor. En esta segunda parte, el tema es su anunciado regreso a Perú tras varias décadas viviendo en Europa, que voceó en la prensa y que tuvo un seguimiento periodístico parangonable al de la boda de torero, por poner un ejemplo.

No he releído Permiso para vivir, pero me da la sensación de que este Permiso para sentir es algo más sincero; no sé, será cuestión de que Bryce se hace viejo y quiere dejar claro qué es cierto y qué no respecto a su imagen pública-literaria. De todas formas, en cuanto a humor, autocrítica y visión peculiar del mundo y de sí mismo el segundo volumen está a la misma altura del primero. Y apetece releer La vida exagerada de Martín Romaña, por ejemplo.

Hay muchos momentos estupendos, pero por destacarles a ustedes uno, me quedo con el escritor peruano sometido a una intervención quirúrgica con anestesia local. Los médicos, padre e hijo, hablan con él durante la intervención. Enfermizo desde niño, Bryce tiene cierto componente hipocondriaco. Pues bien, los médicos le comentan el mal año que está siendo 1986 para la literatura latinoamericana, pues han muerto Borges y Rulfo... Pobre peruano.

No sé si alguno de los capítulos de estas Antimemorias fueron publicados con anterioridad, pero hay que hacer constar un cierto descuido en la edición de este volumen, pues de repente el autor alude a uno de estos capítulos como artículos, o repite anécdotas varias veces... Habría que ser más cuidadosos (el autor y el editor); por mimar un poco al lector, que se lo merece.

eaguirre@divertinajes.com
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