3 de octubre de 2005

Parece un siglo

Se cumplirá, en noviembre, el trigésimo aniversario, pero parece que hace ya un siglo que murió Franco. El desenlace de la dictadura y el periodo posterior conocido como Transición no han sido tenidos muy en cuenta por parte de los escritores, no hay muchas novelas inspiradas o ambientadas en un momento de tan indudable interés político. Es curioso. ¿Tendremos que esperar un par de siglos o tres para que el Pérez Reverte del futuro reconstruya la época a través de un personaje inventado y sus aventuras?

Apenas tenía unos meses de vida Isaac Rosa, (Sevilla, 1974) cuando aquella muerte. Sin embargo, en El vano ayer (Seix Barral) ha contado una historia alrededor de la represión franquista de los últimos tiempos de la dictadura, de la oposición a aquel régimen, más o menos organizada y más o menos seria, del entorno universitario.

Hay algo de experimental en la novela. Hay un narrador que se dirige al lector a menudo, que plantea la historia como si de una crónica de la realidad se tratara, al tiempo que va proponiendo diversos elementos narrativos como alternativas para avanzar en la trama. Llega, por ejemplo, a contar dos posibles pasados de uno de los protagonistas para que quien lee elija el que mejor le parezca; y los presenta enfrentados durante varias páginas, en dos columnas que van desgranando los diferentes hechos. Hay digresiones, opiniones de ése narrador, reproducciones de supuestos documentos, árticulos de prensa u obras relacionadas con la época y con cuestiones concretas, como la tortura. Hay muchos elementos lanzados en ese cajón que es una novela, y el resultado es bueno.

El vano ayer está bien, presenta una peripecia bien contada e interesante, que suelta, de repente, valoraciones sobre aquellos acontecimientos y su posterior asunción por la sociedad española, que cuestiona algunas ideas que hemos dado por válidas... Es verdad que en algún momento, algunas opiniones o juicios con los que me he topado me han resultado un poco irritantes; porque no coinciden con lo que yo pienso, por supuesto, pero, además, por que he detectado una cierta suficiencia que no venía al caso. Es el único reproche que puedo hacerle, y me parece un reproche menor y, sobre todo, absolutamente subjetivo, así que no tenga el jurado demasiado en cuenta estas palabras...

Hablando de jurado, Isaac Rosa protagonizó una peculiar polémica en el pasado mes de junio, a raíz de que le fuera concedido, por esta novela, el XIV Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Desde 1967, han sido galardonados, entre otros, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Arturo Uslar Pietri, Abel Posse, Roberto Bolaño, Enrique Vila-Matas o Fernando Vallejo. Se trata de un premio de prestigio en el ámbito de las letras latinoamericanas, pero la organización que está detrás, el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, está estrechamente vinculada al Estado venezolano, o sea, en la actualidad a la República bolivariana de Venezuela presidida por Hugo Chávez.

Al parecer, los miembros del jurado 2005, según una denuncia de un editor y crítico literario venezolano, Gustavo Guerrero, serían unos paniaguados del régimen chavista que optaron por la novela de Rosa a causa de las supuestas simpatías castristas del sevillano. Ya se sabe cómo es de estrecha la amistad entre Chávez y Fidel Castro, tan demócrata él. Isaac Rosa se defendió alegando que había firmado un manifiesto contra la política estadounidense respecto a Cuba, y poco más. In-tras-cen-dente, pero curioso, ¿no? Cuántos dictadores alrededor de esta novela...

 

eaguirre@divertinajes.com
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